jueves, 9 de agosto de 2012

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE GREGORIO (cuento)

Había sido un pibe criado en una de esas familias de apellido. Su mamá era directora de una escuela  y su papá farmacéutico.
Nació en los mil novecientos y pico y en consecuencia experimentó novedades increibles como la aparición de los primeros aviones. Sus padres, de un origen con fuerte raigambre, tenían destacada posición social.
Pero, era mas la imagen que otra cosa, ya que no les sobraba el dinero y eran muchos hermanos.
Gregorio resultó ser un buen hijo, colaboraba en todo lo que podía y al mismo tiempo que estudiaba, ayudaba con los quehaceres domésticos y también de vez en cuando, conseguía alguna changa para aliviar el presupuesto.

Mientras crecía y maduraba, alimentaba planes personales, entre los cuales se le había formado la idea de emanciparse para no ser una carga. Con su mente recorría largas distancias y soñaba aventuras tanto dormido como despierto.

En aquéllos tiempos el cuidado de la imagen familiar estaba muy ligado al estilo de vida, lo cual se custodiaba al detalle.

Por distintos factores que se sumaron, hizo que se forjara en su personalidad un espíritu aventurero y el deseo de probarse a sí mismo en su capacidad de arreglarse por su cuenta. Espíritu que en esos épocas y ambientes no cualquiera podía darse el lujo de tener. Había que ser muy temperamental y particular. A tal punto que las pocas veces que intentó compartir sus planes, sus amigos y hermanos se reían y se veía a las claras que no lo entendían, ni se interesaban en hacerlo. En realidad ésto le provocaba una indignación que no sacaba a relucir guardándose sus ideas  adentro suyo.

Sus padres, aunque no entendía muy bien porqué, desde hacía mucho  que discutían  por cualquier cosa y sus hermanos entonces, callejeaban todo el dia y a ninguno se le daba por trabajar, a gatas estudiaban para salir del paso; al contrario de Gregorio que además de cumplir con la escuela, siempre estaba ganando un peso por su propia iniciativa, pero hay que tener en cuenta que su madre le exigía la mitad de lo que ganaba  aunque el la ayudaba gustoso.Pero, a pesar de ello, tenía un libro que había ahuecado como una caja, para guardar sus ahorros sin que nadie lo notara. Las peleas matrimoniales parecía ser  el factor que hacía que su papá regresara aparentemente de sus labores  cada vez mas tarde y que su mamá los fines de semana se ausentara largas horas sin mediar ningún tipo de explicación.

Gregorio era un tipo sano mentalmente y jamás se atrevió a opinar sobre sus padres. Pero igualmente se encontraba triste por la vida que llevaban, ya que la familia estaba cada vez mas desorganizada y sus hermanos hacían lo que querían y salían para cualquier lado sin comentar nada. Era evidente que ya no había autoridad que les pusiera límites.Hay muchos detalles que serían muy largos de mencionar, pero si piensas un poco, podrás imaginarte las cosas que van sucediendo cuando se lleva una vida así. Se podría decir que, casi era preferible que no hubiesen encuentros en la mesa  familiar, porque el clima siempre daba para discusiones. Pero la verdad era que, resultaba triste pensarlo así.


La situación se sumó a sus sueños y alimentó aún mas su idea de alejarse y vivir por sus propios medios sin tener que rendirle cuentas a nadie. El único asunto que le jugaba en contra era el hecho de que llevaba una vida de traje y corbata y zapatos lustrosos, por decirlo de algún modo; la etiqueta de su estilo se contradecía con sus planes, a lo cual, con su temperamento innovador, le aderezaba mejor sabor y estímulo para que sus planes de fantasía se convirtiesen en realidad.

Pasaron unos pocos meses en que terminó cuarto año del secundario y fue en esa ocasión, que sin mediar ningún tipo de consulta con sus padres, hermanos o amigos, armó un bolso tubular, de lona fuerte y color blanco de estilo marinero, con toda su  ropa menos los trajes y las corbatas, su libreta de anotaciones, algo de comida que su mamá y hermana mayor le prepararon con una tácita actitud de afecto y comprensión. Y, sin  muchas palabras las despidió desde la puerta de la casa partiendo muy decidido y sin mirar para atrás, en un colectivo que lo llevaría hacia el puerto de Buenos Aires; desde donde a eso de la tardecita con las monedas que había ido juntando desde hacía bastante tiempo, logró viajar en una barcaza, en la que para gastar menos, lo contrataron de cocinero para poder  ahorrarse la comida y otros gastos, hasta el Puerto de Montevideo.

Había que tener en cuenta que el muchacho de agradable estampa y modo educado de tratar y expresarse, lograba que lo recibieran bien en todos lados. Con ese mismo estilo reflejaba la seguridad en si mismo que le concedieron sus genes y tradiciones heredadas por los padres, de los padres, de sus padres.Lo cual le aportaba un sello de distinción que no podía disimular aunque quisiera. Ello le permitía al mismo tiempo ocultar sus temores ante un cambio tan importante de situación y ambiente. Por otra parte, como cada cual cosecha lo que siembra y Gregorio siempre se habia portado bien, obtuvo buenos frutos entonces.

El hecho de no haber terminado el colegio secundario, no le restaba mucho en aquellos entonces, ya que solamente con haber terminado cuarto año, mas sus características personales, hacía que fuera visto como bien escalafonado socialmente y la gente sencilla lo veía como "sabedor", "léido" o "dotor", le abriría puertas entonces; y Gregorio, sin ánimo de especular, era bien consciente de esa ventaja aparente. Pero, su plan era recomenzar desde abajo superando miedos y vergüenzas para el desconocidas.


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Emprendió entonces un largo viaje en carreta hasta llegar a la tranquera principal de una estancia de Paysandú, donde armándose de coraje hizo sonar muy fuerte el cencerro que había colgado en ella como campana, con insistencia y  durante un rato, hasta que vió aparecer la manada de perros del establecimiento,  corriendo directamente hacia el, con apariencia de morderlo. Pero  inmediatamente y por instinto, se dio cuenta que quedándose del lado de afuera no le sucedería nada.

Pasó mucho rato esperando sentado sobre un tronco de árbol caido ante la mirada fija de los canes, echados  del lado de adentro y sin apartarse la vista mutuamente.A Gregorio y a los perros los vencía el sueño . Aunque a éste, debido su joven edad de dieciséis años, se le sumaba en consecuencia, el hambre que se hacía escuchar con los ruidos de su estómago. Y precisamente en el momento en que Morfeo ya lo tenía en sus manos, arropado con una manta que llevaba en el bolso, se despertó de golpe con los resoplidos de un gran caballo que se plantó a su lado, montado por un rústico jinete que portaba un gran sombrero y un bigote tan grande que no le envidiaba nada al primero. 

"Sombrero y mostacho", lo bautizó enseguida en silencio y con humor como para superar el miedo que sentía, estrepitó con una gruesa voz la exclamación de "¿qué andás buscando muchacho?" sin apartarle en ningún momento una mirada fuerte e inquisidora.
Gregorio pegó un salto como colimba ante el sargento y sacudiéndose los pastos como queriendo agarrar la seguridad que se le había escapado, le  respondió sin poder disimular su tono citadino que...."¡ando buscando trabajo, techo y comida señor!".Inmediatamente tomó conciencia de que su respuesta, influenciada por cierto temor inevitable, había sido de una especie de estilo militaresco, pero bueno, ya está, pensó, salió como tendría que ser.

Resultó ser que, sombrero y bigotes era un bonachón que inmediatamente lo trasladó en el anca hasta el casco de la estancia y lo presentó ante el dueño diciéndole que "este joven anda buscando conchabo y refugio pachoncito"

Ya era muy de noche, pero pudo comer un abundante puchero aún calentito,  que siempre suelen tener en esos lugares sobre el fuego casi apagado de la cocina a leña. Eso hizo sentado en el suelo del granero donde luego se quedó profundamente dormido hasta que cantó el gallo y le caminaran algunos pollitos por encima, aunque tuvo que limpiarse con un papel que había  por ahí, algún que otro regalito que éstos le hicieron sobre la cara y la ropa. Lo cual, sumado al trinar de los pajaritos que abundaban, le dispuso buen carácter como para iniciar una nueva vida.

 Ni por asomo se  podía imaginar el cambio profundo que se estaba por producir en el estilo al que hasta ahora estaba acostumbrado. 



Sombrero y  bigotes, al que luego supo que le decían El Gringo, ordenó a un peón de patio a la mañana temprano, que le diese casi una jarra de leche tibia. y un pan con chicharrones, suficientemente  grande como para llenar la panza de un pibe joven en pleno crecimiento.
Inmediatamente le proveyó de bombacha de campo, boina, cuchillo con vaina y otros enseres convenientes. ¡Hasta un poncho le  dio!
Luego le entregó en sus manos un caballo tobiano de esos que son caderones y algo petizos,  pero fuertes y nobles, haciendo que lo ensillaran al estilo campestre, con ayuda por esta vez. Demostrando sabiduría y tolerancia para con un joven que se notaba bien que era de la ciudad, que en adelante, se haría inseparable con ese animal.
Por suerte había aprendido a montar bastante bien, pero a la manera  del elegante club hípico donde había gustado de concurrir. Pero aprobó fácilmente el tácito examen que El Gringo y la peonada le estaban tomando sin hablar.

Los peones eran de diferentes edades y costumbres, algunos mayores y otros menores que el. Pero, dado su simpatía y el reirse por su cuenta de sus propios errores, hizo que se ganara rápidamente el afecto y apoyo de sus compañeros. Hasta aprendió a cebar mate amargo y a comer asado con cuchillo y pan en mano.Había que tener en cuenta que estaba criado en casa de te y tetera sobre una mesa de mantel bordado a mano.

No pasó una semana que se hizo amigo de todos.

Aprendió a cabalgar largas distancias, enlazar terneras y novillos y todo tipo de tarea que pueda llamarse de campo. Lo que mas le gustaba era arrear y correr con el viento. Como tenía facilidad, frecuentemente cocinaba para todo el grupo. Y, especialmente por las noches para disfrazar la nostalgia, tomaba una guitarra que había encontrado tirada en el granero, resultando que había sido de un hijo del patrón que se había ido y no regresado; lo cual hizo que éste viera con buenos ojos que la utilizara, haciéndose por su cuenta, la fantasía de que era su propio hijo el que le sacaba lustre musical. Ocasiones en que alguno de los peones solíanse arrimar para berrear alguna zamba triste mayormente; pero ello los unía en la adoración mágica del fuego como suele suceder. Pero eso si, el patrón no les permitía tomar vino, ni ginebra, ni lo que se le pareciese. Entonces hacían ronda con el cimarrón. Lo que era seguro, es que en esas ocasiones los perros se le  tiraban alrededor para escucharlo. Es que para ellos, ya era parte de la manada.



Que gente buena, pensaba Gregorio, buena y sencilla. Sin apreciar que lo querían porque en el fondo de su corazón, también era como uno de ellos, los que a su vez tenían la profunda  sabiduría de las personas simples, que no necesitan pensar para conocerte.



Con el tiempo se fue dando cuenta de que las personas nos parecemos unos a otros, mucho mas de lo que creemos parecernos.



Habían transcurrido unos seis meses, pero sentía como que hubiera estado varios años en la estancia de Paysandú.



"Ya  sos todo un hombre" imaginaba que sus padres   le dirían tomados del brazo y contentos, pero bien sabía que no era tan así.

Había desarrollado destreza para el trabajo de campo y se sentía tan seguro como nunca lo había experimentado. Su cara estaba curtida y sus manos tenían callos maduros



De un día para otro, así como así, movido por su espíritu aventurero y deseo de buscar independencia y un "no se bien que" tomó la  decisión de abandonar la estancia para seguir otros rumbos.
Como pago por sus servicios le dieron bastante dinero, el tobiano, la guitarra, la boina, la bombacha y le proveyeron de todo el equipamiento conveniente como para seguir viaje. Al mismo tiempo que llevaba una botella de barro con agua, yerba y algunos panes con chicharrones que tanto le habían gustado.


Algunos abrazos y pocas palabras fueron la despedida. Lo que mas le sorprendió es que El Gringo o Sombrero y Bigotes, lo acompañó hasta la tranquera con otros dos peones y los perros,  y así nomás le "echó su bendición en la frente"; ésto lo hizo temblar de emoción y lo dejó marcado para toda su vida.


Orientado por el sol y la humedad de los árboles supo rumbear hacia el sur llegando hasta el mar donde logró que en un rudimentario barco pesquero ruso o algo así, lo dejaran ir hacia la otra orilla, como de regreso, con el caballo incluido, a cambio de trabajar en la cocina como ya se le había hecho  costumbre...


No te voy a negar  que el deseo de encontrarse con su familia nuevamente para lograr  lo que resultaba ser un sueño permanecía en su cabeza; pero algo le decía que todavía no era el tiempo para ello. Tal vez pasarían muchos días mas, o años quizás. Tenía la certeza de que al menos por el momento o por un largo tiempo, debía recorrer nuevos lugares y encontrar otras personas y aventuras y respuestas que estaba necesitando. Pero, antes que nada, prevalecía en su persona el firme deseo de arreglarse por su cuenta.

sábado, 4 de agosto de 2012

BUENOS Y MALOS

a medida que voy caminando por la vida y tratando con diferentes personas me voy haciendo rico por dentro. Estoy convencido de que el mundo está lleno de gente buena y de otros que quieren serlo y luchan interiormente para lograrlo.

                                                                       Lao Paunero

sábado, 28 de julio de 2012

MIRAR HACIA ADENTRO

Si los países y sus personas desarrollásemos humildad y autocrítica seríamos mucho mas inteligentes y tal vez los extraterrestres nos admirarían un poco.
Consecuentemente aprenderíamos los unos de los otros sin desperdiciar el sagrado tiempo en diplomacias no fructíferas que implican grandes movilizaciones, gastos de dinero y expectativas inútiles o frustrantes ante la gran mayoría, que sigue muy atenta a las elítes gubernamentales.


Es que todos estamos cambiando y no debemos desperdiciar vida en posturas ensoberbecidas que no conducen a nada.


El otro dia  en un blog amigo que se denomina  PALABRAS INTERESANTES, HERMOSAS, RARAS Y DIVERTIDAS, al que puedes acceder a través de la lista que hay en mi perfil , se analizaba muy adecuadamente  la expresión SUDACA, refiriéndose entre otras cosas, a que es utilizada en otros países hermanos para denominarnos a los sudamericanos en forma despectiva. Ello lo he corroborado al escuchar a varios argentinos diciendo que, en efecto, en alguna nación hermana europea, los han denominado de esa manera y de forma hostil, sintiéndose en consecuencia discriminados de una manera bastante incómoda e hiriente.


Ante ello quiero que me prestes atención a lo que voy a decir. Y es que yo sepa, ningún país está exento de tener actitudes como esa. Por ejemplo, los argentinos, ésto lo digo con un poco de vergüenza ajena, porque no es mi caso, se tiene la costumbre de tratar de igual modo a algunos inmigrantes, utilizando por ejemplo expresiones como "chilotes, bolitas, peritas, paraguas, etc" para referirse también despectivamente a personas de diversos paises que tenemos el gusto de que nos visiten.


La moraleja que quiero aportar con esta humilde reflexión es mas o menos lo que dije al comienzo y se trata de DEJAR LA SOBERBIA DE LADO  para aprender los unos de los otros, empezando por corregir nuestros propios errores.


No debemos olvidar que las fronteras son solamente accidentales y que lo que debe prevalecer es el entendimiento entre los humanos en los intereses comunes sabiendo negociar pacíficamente, sin poner LA PATA DE UN PAIS SOBRE LA CABEZA DEL OTRO.


Las olimpíadas por ejemplo, nos dan la oportunidad de que los diferentes países nos miremos a los ojos y construyamos algo mas que una mera competencia de talentos.

viernes, 13 de julio de 2012

CAPACIDADES

"LOS TALENTOS DESARROLLAN SUS LUCES A PARTIR DE LAS CRUCES"
                                                                             


ésta es una reflexión sobre la que me interesa tu opinión. Para ampliar el concepto te recomiendo leas EXTREMOS en mi blog Narraciones Ordinarias, al cual puedes ingresar desde aquí mismo. Muchas gracias por todo.


                                                                                                                          Lao Paunero





miércoles, 4 de julio de 2012

JUANCITO

Juancito tenía un lindo departamento muy bien instalado. Disponía de todas las comodidades que una persona normal puede aspirar. Además de las plantas de interior y las que había en un hermoso patio, contaba con una gran pecera que hacía a su vez de división de ambiente entre la cocina y el comedor. Tenía todo el equipamiento necesario para estar cómodo y mas todavía.


Contaba con un empleo de dependencia que le aseguraba un ingreso satisfactorio además de los trabajos particulares que realizaba como profesional electricista. Es que era inteligente y habilidoso, a su vez que tenía una gran voluntad de trabajo y buena predisposición hacia la gente.


Tenía una familia de la cual había resuelto vivir separado. Con sus veintidós años mantenía con su padre alcohólico, su mamá golpeada, su hermana frustrada y su hermano mayor un tanto altanero y mandón, una relación distante a pesar de visitarlos al menos una vez a la semana porque les tenía afecto, pero no quería amargarse la vida. Ya de por si, era bastante el esfuerzo que hacía en visitarlos. No quería vivir invadido de disgustos que le hacían mucho mal. Se vería involucrado en peleas ajenas y otras cosas desagradables bloqueando su propio sendero por la vida. Porque cada vez que intentaba un acercamiento hacia ellos, terminaba herido de algún modo, o porque su padre borracho lo agredía o porque su hermano mayor se hacía el sabelotodo y en simbiosis con el progenitor, sumaba hostilidad para hacerlo sentir mal a Juancito. Siendo que lo único que éste buscaba era un poco de acompañamiento, buenos momentos compartidos y  afecto. A ello se agregaba, verla a su mamá llorando por los rincones y sentir la impotencia por no poder hacer algo para ayudarla, ya que por un lado se quejaba pero por el otro buscaba estar con su esposo y no se entendía nada de la situación, al mismo tiempo que siendo hijo, nada podía  hacer con una situación tan compleja y contradictoria. Y si llegaba a quedarse a dormir, con seguridad vería a su hermana regresar a la casa borracha, desarreglada y lastimada y cada vez con una pareja distinta.


Desde los 16 años había resuelto encarar su futuro, lograr sus propósitos personales y, bastante bien que había logrado organizarse llevando una vida solitaria pero ordenada. Y allí estaba con su lindo departamenteo, su música y sus peces.


Cuando se tiraba de espaldas sobre la cama, soñaba despierto  en que algún dia tendría su propio hogar, con una esposa e hijos a quienes amar. Aunque también se le cruzaba su sobrinito -hijo de su hermana- con quien se adoraban mutuamente y que era el imán mas poderoso con que contaba para darse una vuelta por su casa, a pesar de salir de regreso con el corazón lastimado.


Juancito entonces, en su tiempo libre optaba por quedarse solo en su refugio. Ni siquiera había accedió a tener una novia que le fuese demasiado fácil, porque tal era su honestidad, que no se hubiera sentido bien, jugando con los sentimientos de alguien sin estar convencido de constituir algo serio.








En realidad lo conocí en una iglesia donde frecuentemente se hablaba del Amor por las personas y de lo bueno que era ayudarse los unos a los otros, apoyándose, tratando de comprenderse y escucharse. Cosas que sin dudarlo, son tan importantes para la humanidad.


Era tímido y de pocas palabras. Lo que recuerdo con claridad, era que cada vez que llegaba al templo, desde el cura, el capellán, los catequistas, los del coro, las viejitas del rosario, las monjitas, los monaguillos, los del grupo de ayuda a los pobres y todos absolutamente todos, acudían a el para pedirle favores para la parroquia. Dado su capacitación, le solicitaban que les arreglase o un micrófono, un parlante, una guirnalda de luces, un timbre, un velador, un encendedor de cocina, una radio, o cuanta cosa eléctrica te pudieses imaginar.


La cuestión es que, cada vez que llegaba, a nadie se le ocurría preguntarle si le dolía la muela o estaba bien del estómago por decirlo de esta manera. Ni al mismísimo cura, ni a ninguno le interesaba  fijarse si Juancito estaba contento o triste o como andaba por la vida.


Parece que los muy cristianos estaban tan ocupados en el amor al prójimo, que no se daban cuenta de que Juancito estaba tan cerca de ellos.




Su soledad inquietó mi curiosidad, y como le guardaba afecto y ya había estado tanto en su departamento conversando, como en la casa de sus padres acompañándolo, había un cierto vínculo con el. 






En las navidades, con Adela hemos adoptado la costumbre de invitar a compartir la mesa familiar a alguien que viésemos solo y en aquella ocasión le tocó a Juancito.
Ni que decir de la alegría que lo invadió. Sintió que habíamos convocado a la persona y no al electricista
Para todos nosotros esa Nochebuena tomó un sentido que iba mucho mas allá de los rótulos cultuales.






Hace poco nos encontramos en una plaza que hay en el centro, ya han pasado como tres años de aquella Navidad. Me presentó a su dulce esposa y a su hijito con una amplia sonrisa dibujada en su rostro.






El abrazo que nos dimos no precisó muchas palabras.....



jueves, 21 de junio de 2012

APROVECHAR LA VIDA

TENGO TANTO PARA MEJORAR  CADA DIA, MUCHO PARA APRENDER Y LO BASTANTE PARA CRECER; COMO PARA DEDICAR EL  TIEMPO  A CRITICAR O CORREGIR A LOS DEMÁS.

                                                      LAO PAUNERO

lunes, 4 de junio de 2012

EL PROPIO CAMINO

Don Panarotti hablaba poco, mayormente lo hacía con los chicos, con los cuales había una recíproca atracción. Pocas palabras y algunas expresiones con el rostro, o gesticulaciones con sus toscas manos sufridas con el correr y curtir del tiempo muy caminado, eran mas que suficientes para  que  nosotros los pibes lo entendiéramos.


Cuando Picho y  Buche movían la cola y salían corriendo hacia el portón, mis hermanos y yo apostábamos que era el que venía hacia casa. Nos asomábamos entonces desde el mismo y lo divisábamos reconociéndolo enseguida por su forma medio torcida  en el caminar y la bolsa sobre los hombros. Caminaba despacio o al menos eso nos parecía, debido a la impaciencia porque llegara pronto que se generaba en nosotros.


Cuando finalmente llegaba,  tendía su mano para saludar a mi mamá, a la cual previamente se la pasaba por el pantalón con la aparente intención de que estuviera limpia. Una actitud de inseguridad o mas bien de humildad que a mi no me pasaba desapercibida. Entonces ella lo hacía entrar y le ofrecía sentarse en un  banco de madera, como esos que hay en las plazas, que estaba justo debajo del gran pino, vecino de la enorme araucaria que tenía casi pegada; casi inmediatamente le arrimaba la mesa de jardín, de hierro trabajado al estilo de antes. Y ya mismo le llevaba una jarra de agua, mas dos o tres platos de comida, sacados de nuestra misma cacerola familiar.


Quedando ya satisfecho, encendía un cigarro que nosotros mismos le comprábamos siempre por indicaciones maternas. Alzaba la vista, nos miraba sonriente y nos contaba historias sobre su pasado; por ejemplo hablaba sobre el gran barco a vapor que lo trajo desde Italia cuando tenía diez años. Había quedado huérfano en la guerra y sin ningún hermano o pariente que lo contuviese, ocasión en que fue llevado a un hospital por haber sido herido en el bombardeo que mató a sus padres. Mas adelante nos enteramos que era por esa herida de guerra que caminaba torcido, ya que su pierna derecha le había quedado defectuosa desde entonces. 


Nos compartió un secreto que para su persona era muy privado; no entendíamos el porqué del misterio, pero le teníamos un gran respeto. La confidencia se trataba de que  cuando se sintió mejor, aprovechando el amontonamiento de gente que caracteriza los hospitales de guerra, huyó sin que nadie lo notara, lo cual hizo que terminara en Argentina viajando de polizonte. 


Nos contaba los miedos que sentía por encontrarse solo en el barco y por su llegada a nuestro país, donde tuvo que hacer de todo para subsistir. Dentro de ese todo yo intuía, que había una gran nada de recuerdos amargos que el no quería compartir.


Pasaron muchos años durante los cuales Don Panarotti nos visitaba.... Y, a pesar de que aderezaba sus relatos con alguna que otra fantasía, siempre nos gustaba escucharlo. En ocasiones se ponía tristón y bajaba la cabeza hasta que, la alzaba repentinamente y se salía con un chiste como para cambiar de tema.Muchas veces conmovido llegó a interrumpir la  visita, retirándose de casa, luego de  saludarnos con cortesía, pero se adivinaba que llevaba sobre sus hombros una pesada carga no visible que iba mas allá de la bolsa de arpillera que llevaba consigo.


En nosotros esos comportamientos generaban una cierta angustia que terminaba desapareciendo cunado regresaba otra vez a visitarnos. Terminó ocupando en nuestros corazones un lugar muy importante y, lo respetábamos tanto como lo queríamos.


Muchas veces nos traía bolitas que encontraba entre los pastos según decía, y a mi mamá le llevaba un paquete grande de berros para que hiciese una rica y abundante ensalada para nosotros.Ella eso hacía, pero cuando le sobraban buscábamos huevos del gallinero para que hiciese bocadillos muy ricos.


La ropa que llevaba siempre le quedaba o muy chica o muy grande, eso reflejaba que se la habían regalado. Pero eso si, su higiene era impecable


Me atrapaba la curiosidad la bolsa llena de cosas que llevaba, y con mi hermano mayor nos quedábamos pensando acerca de con quien viviría y donde dormiría. Eso fue lo que ocasionó que un dia nos decidimos a seguirlo sin que lo notara Don Panarotti ni mi mamá, ya que nos fuimos sin avisarle. Caminamos muchísimo y nos escondíamos tras los árboles  para que no nos viera. Hasta que casi de noche logramos nuestro cometido y nos pudimos quitar de encima la gran duda. Dormía adentro de un gran caño sin uso que había abajo de un puente donde corría muy poca agua.Pero la luz de la luna que brillaba sobre la orilla nos permitió divisar abundantes matas de berros que allí crecían. Bien se saben que esta hortaliza, con frecuencia silvestre, crece cerca de los arroyos.


Como, en ese preciso momento despertamos a la realidad, dándonos cuenta de la hora, regresamos corriendo hasta casa, ya que mas temíamos los retos de mi madre que a las sombras de la noche.


Cuando llegamos tuvimos que recibir el clásico reto de "ya van a ver cuando venga papá". Pero la realidad de las cosas es que, creo que ni se enteró o se hizo el burro como solía pasar en ocasiones parecidas a éstas. Siempre llegaba muy tarde y cansado de trabajar.






A partir de entonces no me podía sacar de la cabeza la idea de que mientras este buen señor se encontraba durmiendo en ese caño, pasando frío, según  mi pensamiento; yo me encontraba  muy cómodo y calentito en mi propia cama blandita, pensando y hasta en ocasiones soñando con Don Panarotti y su situación.


No transcurrieron tantos días para que no aguantara mas y le terminara contando a mi vieja acerca de lo que con mi hermano habíamos investigado sobre la forma de vivir y dormir del don, traicionando así el pacto de silencio que teníamos entre los dos sobre no contar nada del asunto. pero resulto mejor que así fuera, porque descubrí que ésta, al enterarse de la verdad, se le fue el temor y desconfianza que se le había  creado por el "en que andaríamos" tras esa escapada silenciosa.


Después de cierto tiempo, estaba dando vueltas en los "por ahí" de la casa ella me llamó con un ademán pero sin expresión alguna en el rostro, lo cual contribuyó a que se me armara un embrollo de fantasía en la mente que hizo que pensara en que me iba a proporcionar algún castigo por aquella escapada furtiva. Pero no, no fue así para nada, lo que hizo fue encomendarme  la misión de que acompañara a Panarotti hasta un asilo donde ella misma con sus influencias, le había conseguido un lugar....


El trámite fue rápido, ya que, en la proxima visita casi rutinaria del viejito, después de que comiera,tomara su agua y fumara su gran cigarro; ésta sin ningún titubeo le obsequió otro gran cigarro para que se llevara y, sin darle tiempo a pensar, nos acompañó hasta la estación del ferrocarril y se fue de regreso una vez que estuvo segura de que nos íbamos los dos de viaje en el mismo. El, de viajero y yo de acompañante.




El anciano tendría tal vez unos ochenta y cinco años o mas, y yo, simplemente catorce. Me apasionaban los trenes a vapor y a leña de aquellos tiempos y me gustaba la tarea encomendada...


Permanece en mi memoria, el recuerdo de que íbamos sentados uno frente al otro, mirándonos en silencio durante la mayor parte del tiempo. El pegado a su bolsa llena de historia y misterios, al menos para mi frágil fantasía; de la cual no se despegó en ningún momento, ni para ir al baño. Se sabe que los baños de los ferrocarriles suelen ser algo sucios e incómodos. Sobre todo cuando están en movimiento. Ya que no son hechos para ancianos, ni para discapacitados y mucho menos  para borrachos o los  que tienen mala puntería. Pero cuando tuvo la necesidad de ir, no quiso que lo acompañara y mucho menos que le cuidara el bolso; " ni por asomo" como se suele decir. Al rato, cuando ya estaba muy intranquilo por la tardanza, volvió y nos pusimos a hablar sobre "bueyes perdidos" como también se suele... 
Para ser sincero, el único que creo que hablaba era yo, ya que el don solamente me sonreía o me mirada amablemente pero con la vista perdida. Por momentos parecía estar en otro lugar.






Cuando llegamos al enorme asilo, se abrió una también enorme puerta, de la cual se asomó otro viejo casi tan viejo como Panarotti. Su tono fue amable, pero cuando quizo agarrar la bolsa para ayudarlo,  le gruñó como un perro al que le quieren sacar el hueso y no se lo permitió.


Antes de entrar, nuestro amigo dio un giro de noventa grados, me miró y me abrazó con toda su sangre y modalidad italiana tan típicamente cálida. A mi se me gastaron las palabras, ya que no supe que decirle. La puerta se cerró muy rápido, y así quedamos, uno de un lado y otro del otro. Sentía como si el tiempo se hubiera partido en dos dimensiones.




Ya mismo desde el regreso hasta la actualidad no pude sacarme a Panarotti de mis memorias.
Luego de varios dias estrepitó el teléfono para avisar que se había ido del asilo definitivamente y que no sabían en que lugar estaría.






Con el transcurrir de los dias, fui sumando detalles observados y mi conclusión fue que lo que le interesaba era su propia libertad, y que, dentro de la cual, había elegido su propio estilo de vivir.


Fue un error haberlo llevado al  asilo. Y, lo que es peor, a consecuencia de ese error nunca mas lo volvimos a ver. Me quedé triste por ese motivo. Uno se creía que era tan importante como para torcerle el destino a alguien como si tal cosa....


No regresaría a casa, porque aunque  tal vez hayamos actuado con buena voluntad, habíamos pretendido cortarle las alas con la idea de ayudarlo. Le quitamos la posibilidad de volver a pasar tan buenos momentos juntos.Ya no volvería, para poder preservar su libertad que tan celosamente siempre supo hacerlo.


Es casi seguro que haya encontrado otras gentes o familias que lo hayan entendido y respetado mejor que nosotros.


Casi sin quererlo, nos quedamos sin aprender y conocer otras cosas de el. Lo extraño mucho. 






Han transcurrido cincuenta años. Allí están el pino, el asiento de los del tipo plaza y la mesa de hierro forjado estilo antigüo, aunque bastante oxidada.......