Habiéndose enterado sorpresivamente que Luciana tenía un novio en Italia, llamado Caloggero y recién llegado a la Argentina para casarse con ella por un compromiso previo. Gregorio, arrebatadamente según su joven edad, se fue entonces de la cantina antes de lo acostumbrado saludando con buenos modos y como era lógico, sin hacer mayores comentarios se despidió diciendo que tendría que levantarse muy temprano.
La verdad es que se fue para la pensión pateando tachos por el camino, porque era tanta su bronca que le costó mucho apaciguarse.
Se le cruzaban muchas imágenes y porqué negarlo, sentimientos de angustia y desesperación. Fue dándose cuenta de que en realidad hay que ser un poco mas decidido y no esperar tanto en las cuestiones del cuore. Pero también se había apresurado en retirarse tan pronto de la cantina, sin darse cuenta de lo que estaba haciendo. Pero en fin, así son las cosas de los sentimientos, los que muchas veces nos hacen jugarretas que las ignoramos a tal punto, que se encuentran ante nuestras narices sin que nos demos cuenta de ello.
Esa noche como es lógico durmió muy mal, moviéndose todo el tiempo en la cama y soñando tanto dormido como despierto. Tal es asi que siendo la madrugada lo invadieron nuevos pensamientos que lo impulsaban a borrar las amarguras.
Es muy propio de los jóvenes temperamentales la recuperación rápida, o por lo menos el buscar refugios en otras ideas como para intentar olvidarse, cosa que no pudo lograr del todo, ya que en adelante y muy seguido, Luciana aparecería en sus sueños y rondaría por su mente. Volvió a valerse de su guitarra para cantar canciones tristonas para llenar la nostalgia y la confusión, a la cual se sumaban esa mujercita encantadora en primer lugar, además de otros tantos recuerdos.
Comenzó a pensar entonces en que es lo que necesitaría para un nuevo cambio en su situación. A pesar de que el trabajo en la aduana le había brindado mucha experiencia y satisfacción, a cambio de dar un buen servicio lo cual lo hacía muy feliz, descubriendo al fin de que en realidad no era muy ambicioso y que eso era un aspecto de uno, que recién empieza a entenderlo y descu brirlo cuando el dinero se haya mas al alcance de las posibilidades . Entonces, como era muy austero y de pocas necesidades y pretensiones, fue guardando casi sin querer bastante plata, lo cual lo impulsó a tomar la decisión de que "mañana mismo" durante la hora de descanso, pondría en el banco todo lo que disponía y "vería en que utilizarla a su debido tiempo". A partir de entonces y durante toda su vida, adoptó esa costumbre de ahorrar, lo cual le fue facilitando el tomar decisiones importantes o afrontar situaciones inesperadas. Conservaba solamente lo indispensable para cubrir sus necesidades básicas o para darse algún gusto para el o para una persona querida que la vida le fue presentando.
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Pasaron unos tres meses desde lo ocurrido con la italianita y no había regresado a la cantina. Y resultó que en el trabajo le ofrecieron vacaciones pagas durante un mes, prorrogables por otros dos pero sin salario en ésta última opción, a condición que se mantuviera en contacto con la oficina. Esto serviría a que dos nuevos aprendices practicaran en su lugar, que en gran parte habían sido adiestrados por el y, en ese caso les vendría bien, reflexionó.
Se podría decir que fue por casualidad que un día almorzando en el bodegón, Manuel el gallego cuando lo vio, le dijo con tono eufórico y alegre que "cuando termines quiero hablar contigo". Ese día le había servido una de esas ricas tortillas que solamente los españoles saben hacer, acompañada de ensalada de verduras y luego de postre, unos ricos pasteles dulces.
Habiendo terminado de comer , se acercó Manuel a la mesa sirviéndole practicamente de prepo una copa de buen Jerez además de no aceptarle cobro alguno por el consumo de esa ocasión; inmediatamente mirándolo fijamente le propuso que lo acompañara a visitar a su primo José radicado en Tandil, "el que te conté que tiene la granja", de lo que Gregorio se acordaba perfectamente, ya que le había despertado mucho interés debido a su motivación por las cosas de la naturaleza; aceptó la propuesta sin chistar, ya que parecía que era lo que justamente estaba necesitando hacer. El bodegón quedaría al cuidado de otro primo proveniente también de la mismísima España. Don Manuel no tenía muchas ataduras debido a su condición de viudez y falta de hijos que cuidar.
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Tuvo una semana para organizarse para el viaje y lo pudo hacer coincidir con sus vacaciones gracias al buen concepto que había sabido ganar y la presencia de los principiantes. Ante ello, don Irazabal su jefe, le dijo que teniendo en cuenta la distancia, ante cualquier cosa era conveniente que por lo menos le enviase un telegrama o una carta por correo.
Como Gregorio era bien educado resolvió entonces ir a despedirse de Luciana y lo hizo enseguida, aunque como ésta no se encontraba, saludó a sus padres, quienes le comentaron que tardaría en regresar porque había ido en compañía de Caloggero a realizar unas compras al centro, haciéndole pensar en consecuencia que estarían organizándose para la boda; les encargó sus saludos para ella y como gesto de buen gusto les pidió que le dieran aquél pañuelo bordado con el nombre de ella como un regalo de su parte. Sus padres lo tomaron con naturalidad y simpleza, saludándolo con mucho afecto y expresando que estaban muy contentos de que hubiera ido a saludarlos. Era lógico que tuvieran ese sentimiento porque no había regresado desde aquel entonces y le guardaban mucho afecto. Se veía muy claro la sabiduría de éstos para manejarse en situaciones donde los sentimientos son sus protagonistas. Don Manuel lo había acompañado en esta visita por pedido suyo, resultando entonces mas llevadera la situación . Pero como éste era muy discreto, actuó como si no se diera cuenta de nada.
Cuando llegó el dia del viaje, apareció éste en la pensión a la madrugada con una carreta de cuatro caballos. El ayudante del conductor tomó todos los bártulos de Gregorio y los amarró muy fuerte en la parte superior. Entre los cuales, estaba toda su ropa y objetos personales dentro de la bolsa marinera que aun conservaba y por separado la guitarra, que terminó siendo su compañera inseparable desde que el dueño de la estancia de Paysandú se la obsequiara.
Su ropa de trabajo había quedado bien resguardada en la misma pensión, donde no tuvieron inconvenientes en reservarle la habitación sin costo alguno, dado que era considerado un funcionario público, lo cual implicaba en aquellos tiempos contar con un gran respeto a lo que se sumaba su probo estilo de ser que tenía naturalmente.
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Gran parte del viaje se hizo bajo la lluvia y sobre camino barroso y pedregoso. Pero el entusiasmo de ambos era tan grande que superaron fácilmente toda adversidad y se divertían como chicos. Manuel era de muy buen talante y espíritu alegre.
El trayecto fue sinuoso, ondulante y en ascenso cada vez mayor, en la medida que se iban acercando a las sierras. Tuvieron que hacer cinco paradas, en dos de las cuales pernoctaron en casas de piedra muy bajas. Sus ocupantes eran familias sencillas y muy hospitalarias que se dedicaban a la cría de cabras principalmente. Les explicaron que la altura de las viviendas era para soportar el viento . Dormían las cabras con ellos para que se mantuviese calentito porque eran los meses de pleno invierno, a pesar de que a Gregorio y Manuel los hacía sentir un tanto incómodos, lo tomaron como aventura, sabiendo que con el tiempo se reirían de ello.
En todas las paradas que hicieron se les daba de beber a los equinos , se los lavaba y se les ponía en condiciones las patas delanteras y traseras. Además estas amables personas les proporcionaban en cada parada ,leche, queso de Cabra y pan horneado a leña para que pudieran continuar el viaje a gusto y con calorías suficientes.
Las únicas dificultades imprevistas que tuvieron fueron además de la lluvia y una rueda que hubo que arreglar porque casi se salió del carruaje, fue la diarrea persistente que le agarró al ayudante del carretero luego de la segunda parada, que los obligó a demorarse bastante y tener que detenerse varias veces durante unos minutos como para que éste pudiera ir corriendo entre los yuyos para hacer lo suyo a los costados del camino con viento a favor y a cierta distancia, no fuera el caso de que salpicara la carreta, decía ellos bromeando. Dicha cagadera fue atribuida a las cinco tazas de te de piperita que se había bebido. Mientras tanto debatían por el camino si el nombre correcto no era piperina y creo que tenía razón Gregorio que era quien defendía esta última expresión. Aunque por otro lado pensaban que habría bebido alguna otra hierba que le habrían dado como broma pesada, teoría sustentada por Don Manuel. Fue entonces que se llevaron ambas dudas como mochila del trayecto, las que nunca quedaron aclaradas definitivamente. Quien permaneció callado y con risa contenida, sin omitir opinión , posiblemente para no alterar al ayudante, fue el carretero.
Sin embargo cuando paso un rato largo y mucho trecho recorrido, no pudieron evitar reirse durante casi todo el resto del viaje, incluido el mismo acompañante......
mi propósito es transmitir en forma de prosa o poética, frases y pensamientos que lleven poco tiempo de leer y mucho para pensar. mi otra intención es, en apariencia contradictoria, poder hacerles conocer algunos cuentos creados por mi y ciertos relatos vinculados con la realidad que requerirán mayor tiempo de lectura. Quien quiera pasar por aquí, opine o no, será muy bien recibido. muy agradecido y muchos saludos a todos
martes, 23 de octubre de 2012
sábado, 13 de octubre de 2012
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE GREGORIO (capítulo cuatro)
De buenas a primeras proveyeron a Gregorio de ropa adecuada para la función que iba a desempeñar en la aduana. Se sentía como que había vuelto un poco a sus raíces ya que tenía que vestir de traje y corbata, dado las formalidades de esas épocas. Y tan elegante como era naturalmente, debía sentarse ante un lujoso escritorio durante ocho horas por dia atendiendo filas de personas que llegaban al Puerto de Buenos Aires provenientes de distintos países, aunque casi todos eran europeos.
El tener que entrevistar a españoles salvo excepciones, no le traían mayores dificultades debido al lenguaje, pero gradualmente se le iba complicando cuando se trataba de italianos, yugoslavos, alemanes, polacos y otras nacionalidades.Pero la realidad es que le causaba gran satisfacción y fue mucho lo que aprendió de todas las personas que llegaban, dándose cuenta que era mucho mas esfuerzo para ellos, el haber tenido que dejar su pais que el suyo por haberse alejado de la familia. Ésto le produjo gran remolino interior y le hacía reflexionar.
Básicamente su trabajo consistía en anotar en un gran libro, los nombres de éstas personas junto a los miembros del grupo familiar con quienes venían. Lo que le costaba mas en general, era anotar sobre todo los apellidos, porque había algunos que no sabían escribir y obviamente les costaba expresarlo por el idioma, además de que en muchos casos los documentos que traían estaban borrosos o demasiado ajados. Pero como su don de gentes era tan grande, heredado tal vez; junto a su buena predisposición, hacía que se facilitaran las cosas; adquiriendo con la práctica mayor habilidad . Por otro lado, las órdenes que había recibido, era que debía agilizar el todo por el todo, el ingreso de estos honorables y bien recibidos inmigrantes. Los cuales compartían un mismo objetivo, que era el de poder radicarse, lo cual implicaba conseguir un techo y un trabajo inmediato para luego, con el tiempo lograr mayor estabilidad, dependiendo ello de la capacidad, vinculaciones, posición social y, principalmente, de la buena suerte.Hago notar aquí, que muchas veces, en los casos en que eran familias numerosas, sus miembros se veían obligados a separarse, por lo menos al comienzo, porque se les hacía mas complicado el lograr ubicación, ello doblaba el esfuerzo y sacrificio.
No voy a negar, que ya estando dentro del país, habían algunas malas personas oportunistas que los querían engañar ofreciéndoles tentadoras alternativas, pero eran muy pocos los que caían en esas trampas. Es justo decir que, entre los que venían al país, venía algún pícaro mezclado entre ellos.
La mayoría de ellos se ayudaban mutuamente, haciendo frente común y compartiendo los recursos que tuvieran a su alcance, fueran o no de la misma nacionalidad, aunque lo natural era que en principio se ayudasen los connacionales. El hecho concreto es que, al compartir la misma situación, aunque no se hubiesen conocido desde antes, los hacía sentirse como hermanos , por lo menos al principio, hasta organizarse; pero en la mayoría perduraba la relación aunque pasasen años sin verse.
La tarea de Gregorio allí terminaba, pero no podía dejar de tratar de entender en profundidad a estas personas, aunque las mismas tal vez no se diesen cuenta de ello.
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La pensión la consiguió fácilmente, aunque tuvo que compartir la habitación con cinco personas mas, durmiendo en camas cuchetas. También el baño era de uso compartido y esa era la parte mas difícil. Había una mesa y cocina para uso común, pero casi nunca tuvo que utilizarla. El trato con estas personas se circunscribía a buenos días...buenas noches, ya que como norma no escrita acostumbraban a no hablarse o preguntarse cosas entre ellos, lo cual resguardaba un poco la privacidad que Gregorio deseaba, por lo tanto le venía bien que así fuera.
A trabajar comenzaba a las ocho horas, con un intervalo para descanso de trece a dieciséis, lo cual le daba tiempo para ir a bañarse y almorzar en un bodegón que quedaba muy cerca y pertenecía a un señor gallego llamado Manuel, con quien de a poco tomó confianza y se quedaba rutinariamente charlando hasta minutos antes de volver al trabajo. Éste se mostraba encantado por la manera en que Gregorio gozaba de sus pucheros, pescados y otros ricos platos que los españoles saben muy bien hacer.
El desayuno y la merienda se lo daban en el trabajo, mientras atendía al público. El horario de salida era a las veinte horas, a pesar de estar cansado, en forma casi regular se dirigía a la cantina a comer y a reir un rato, donde muchas veces no le querían ni cobrar teniendo en cuenta el vínculo de mutua simpatía que se había desarrollado.
Luciana, la italianita, lo hacía trasladarse a otra dimensión, lo cual era como un bálsamo de fantasías que tanto bien le inducía a una personalidad bastante acostumbrada a la introversión como la de Gregorio. Lo hacía reir mucho y a disfrutar con su belleza y naturalidad en el modo de ser, al mismo tiempo que a esa altura se deslizaban alguna que otra caricia. Aparentemente, los padres de ella, no ponían objeción alguna a esta amistad o posible romance. No intervenían, pero parecían estar a la expectativa de un posible desenlace. Ésto influyó grandemente en nuestro personaje para que ni pensara en alejarse de la zona.
Aún así, cuando le llegaba la hora de dormirse, se le continuaban cruzando por su mente los recuerdos familiares, especialmente de sus padres.
En los sueños se le combinaban imágenes de la italianita, sus padres, el tobiano, los equilibristas, la tarantela y tantas otras cosas, que al despertarse no recordaba.
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El trabajo de la aduana le fue resultando con el tiempo, como es lógico, un tanto rutinario, pero como su mente y su corazón volaban por otros lados, a pesar de no distraerse para el cumplimiento de su tarea, no le afectaba para nada, al menos por ahora, como el mismo reflexionaba. En cierto modo, se podía decir que estaba contento y no se planteaba nuevas decisiones por el momento.
Don Manuel, el dueño del bodegón donde almorzaba, resultó ser muy dado a la charla y, habíéndole tomado afecto y confianza, le contaba historias de su tierra muy apasionadamente, haciéndole pasar el tiempo muy entretenido hasta tener que llegaba la hora de regresar al trabajo. Lo cual le divertía e interesaba mucho a Gregorio. Entre otras cosas le compartió que su primo José se había radicado en un lugar llamado Tandil, que estaba en el centro mismo de la provincia donde había logrado instalar una granja y, estaba muy claro que los temas vinculados con la cría de animales y cultivo de verduras particularmente, le atrapaban mucho el interés y su atención, a tal punto que en alguna que otra oportunidad casi llegó tarde a la aduana, para la cual salía corriendo porque eso si, era muy responsable.
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Trancurrió un año de desempeño en la aduana y nuestro joven, se había prácticamente profesionalizado en sus responsabilidades, ganando un excelente concepto.
Por otro lado, a esa altura, ya los padres de Luciana parecía como que los consideraban a ambos practicamente novios a pesar de que entre ellos aun no se había hablado claro sobre el tema. Salían a pasear todos los fines de semana y circulaba algún besito que otro entre los dos y ya era costumbre que compartieran en familia la mesa de los domingos.
Un viernes por la noche, Gregorio iba hacia la cantina con serios planes de hablar claro con su italianita y definir la relación, habiéndole perdido para ese entonces, el temor al compromiso, como solía ocurrirles en aquellos tiempos a algunos hombres jóvenes que se encontraban tras la búsqueda de su libertad. En lugar de flores, le compró un pañuelito bordado a mano que le entregaría en la ocasión. Lo que creía tener muy presente era que los padres de ésta apoyarían con agrado la relación, por lo tanto estaba dispuesto a ir directamente al grano y con todas las formalidades que el caso requería.
A medida que iba llegando, los latidos se iban acelerando al ritmo de sus pasos ligeros.
Cuando entró en la cantina tuvo que guardarse el discurso para otro carnaval, porque allí estaba Luciana, que muy contenta y sin rubor alguno le presentó con aparente entusiasmo a quien sería su novio comprometido desde hacía años, recién llegado de Italia.
Obligadamente tuvo que mantener un trato amable, cenó con todos como ya era costumbre pero ni te cuento lo mal que le cayó la comida, porque las consecuencias fueron muy desagradables.
Se despidió con cortesía y dignidad, mas temprano que de costumbre, argumentando que ese día había tenido mucho trabajo y necesitaba dormir......
El tener que entrevistar a españoles salvo excepciones, no le traían mayores dificultades debido al lenguaje, pero gradualmente se le iba complicando cuando se trataba de italianos, yugoslavos, alemanes, polacos y otras nacionalidades.Pero la realidad es que le causaba gran satisfacción y fue mucho lo que aprendió de todas las personas que llegaban, dándose cuenta que era mucho mas esfuerzo para ellos, el haber tenido que dejar su pais que el suyo por haberse alejado de la familia. Ésto le produjo gran remolino interior y le hacía reflexionar.
Básicamente su trabajo consistía en anotar en un gran libro, los nombres de éstas personas junto a los miembros del grupo familiar con quienes venían. Lo que le costaba mas en general, era anotar sobre todo los apellidos, porque había algunos que no sabían escribir y obviamente les costaba expresarlo por el idioma, además de que en muchos casos los documentos que traían estaban borrosos o demasiado ajados. Pero como su don de gentes era tan grande, heredado tal vez; junto a su buena predisposición, hacía que se facilitaran las cosas; adquiriendo con la práctica mayor habilidad . Por otro lado, las órdenes que había recibido, era que debía agilizar el todo por el todo, el ingreso de estos honorables y bien recibidos inmigrantes. Los cuales compartían un mismo objetivo, que era el de poder radicarse, lo cual implicaba conseguir un techo y un trabajo inmediato para luego, con el tiempo lograr mayor estabilidad, dependiendo ello de la capacidad, vinculaciones, posición social y, principalmente, de la buena suerte.Hago notar aquí, que muchas veces, en los casos en que eran familias numerosas, sus miembros se veían obligados a separarse, por lo menos al comienzo, porque se les hacía mas complicado el lograr ubicación, ello doblaba el esfuerzo y sacrificio.
No voy a negar, que ya estando dentro del país, habían algunas malas personas oportunistas que los querían engañar ofreciéndoles tentadoras alternativas, pero eran muy pocos los que caían en esas trampas. Es justo decir que, entre los que venían al país, venía algún pícaro mezclado entre ellos.
La mayoría de ellos se ayudaban mutuamente, haciendo frente común y compartiendo los recursos que tuvieran a su alcance, fueran o no de la misma nacionalidad, aunque lo natural era que en principio se ayudasen los connacionales. El hecho concreto es que, al compartir la misma situación, aunque no se hubiesen conocido desde antes, los hacía sentirse como hermanos , por lo menos al principio, hasta organizarse; pero en la mayoría perduraba la relación aunque pasasen años sin verse.
La tarea de Gregorio allí terminaba, pero no podía dejar de tratar de entender en profundidad a estas personas, aunque las mismas tal vez no se diesen cuenta de ello.
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La pensión la consiguió fácilmente, aunque tuvo que compartir la habitación con cinco personas mas, durmiendo en camas cuchetas. También el baño era de uso compartido y esa era la parte mas difícil. Había una mesa y cocina para uso común, pero casi nunca tuvo que utilizarla. El trato con estas personas se circunscribía a buenos días...buenas noches, ya que como norma no escrita acostumbraban a no hablarse o preguntarse cosas entre ellos, lo cual resguardaba un poco la privacidad que Gregorio deseaba, por lo tanto le venía bien que así fuera.
A trabajar comenzaba a las ocho horas, con un intervalo para descanso de trece a dieciséis, lo cual le daba tiempo para ir a bañarse y almorzar en un bodegón que quedaba muy cerca y pertenecía a un señor gallego llamado Manuel, con quien de a poco tomó confianza y se quedaba rutinariamente charlando hasta minutos antes de volver al trabajo. Éste se mostraba encantado por la manera en que Gregorio gozaba de sus pucheros, pescados y otros ricos platos que los españoles saben muy bien hacer.
El desayuno y la merienda se lo daban en el trabajo, mientras atendía al público. El horario de salida era a las veinte horas, a pesar de estar cansado, en forma casi regular se dirigía a la cantina a comer y a reir un rato, donde muchas veces no le querían ni cobrar teniendo en cuenta el vínculo de mutua simpatía que se había desarrollado.
Luciana, la italianita, lo hacía trasladarse a otra dimensión, lo cual era como un bálsamo de fantasías que tanto bien le inducía a una personalidad bastante acostumbrada a la introversión como la de Gregorio. Lo hacía reir mucho y a disfrutar con su belleza y naturalidad en el modo de ser, al mismo tiempo que a esa altura se deslizaban alguna que otra caricia. Aparentemente, los padres de ella, no ponían objeción alguna a esta amistad o posible romance. No intervenían, pero parecían estar a la expectativa de un posible desenlace. Ésto influyó grandemente en nuestro personaje para que ni pensara en alejarse de la zona.
Aún así, cuando le llegaba la hora de dormirse, se le continuaban cruzando por su mente los recuerdos familiares, especialmente de sus padres.
En los sueños se le combinaban imágenes de la italianita, sus padres, el tobiano, los equilibristas, la tarantela y tantas otras cosas, que al despertarse no recordaba.
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El trabajo de la aduana le fue resultando con el tiempo, como es lógico, un tanto rutinario, pero como su mente y su corazón volaban por otros lados, a pesar de no distraerse para el cumplimiento de su tarea, no le afectaba para nada, al menos por ahora, como el mismo reflexionaba. En cierto modo, se podía decir que estaba contento y no se planteaba nuevas decisiones por el momento.
Don Manuel, el dueño del bodegón donde almorzaba, resultó ser muy dado a la charla y, habíéndole tomado afecto y confianza, le contaba historias de su tierra muy apasionadamente, haciéndole pasar el tiempo muy entretenido hasta tener que llegaba la hora de regresar al trabajo. Lo cual le divertía e interesaba mucho a Gregorio. Entre otras cosas le compartió que su primo José se había radicado en un lugar llamado Tandil, que estaba en el centro mismo de la provincia donde había logrado instalar una granja y, estaba muy claro que los temas vinculados con la cría de animales y cultivo de verduras particularmente, le atrapaban mucho el interés y su atención, a tal punto que en alguna que otra oportunidad casi llegó tarde a la aduana, para la cual salía corriendo porque eso si, era muy responsable.
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Trancurrió un año de desempeño en la aduana y nuestro joven, se había prácticamente profesionalizado en sus responsabilidades, ganando un excelente concepto.
Por otro lado, a esa altura, ya los padres de Luciana parecía como que los consideraban a ambos practicamente novios a pesar de que entre ellos aun no se había hablado claro sobre el tema. Salían a pasear todos los fines de semana y circulaba algún besito que otro entre los dos y ya era costumbre que compartieran en familia la mesa de los domingos.
Un viernes por la noche, Gregorio iba hacia la cantina con serios planes de hablar claro con su italianita y definir la relación, habiéndole perdido para ese entonces, el temor al compromiso, como solía ocurrirles en aquellos tiempos a algunos hombres jóvenes que se encontraban tras la búsqueda de su libertad. En lugar de flores, le compró un pañuelito bordado a mano que le entregaría en la ocasión. Lo que creía tener muy presente era que los padres de ésta apoyarían con agrado la relación, por lo tanto estaba dispuesto a ir directamente al grano y con todas las formalidades que el caso requería.
A medida que iba llegando, los latidos se iban acelerando al ritmo de sus pasos ligeros.
Cuando entró en la cantina tuvo que guardarse el discurso para otro carnaval, porque allí estaba Luciana, que muy contenta y sin rubor alguno le presentó con aparente entusiasmo a quien sería su novio comprometido desde hacía años, recién llegado de Italia.
Obligadamente tuvo que mantener un trato amable, cenó con todos como ya era costumbre pero ni te cuento lo mal que le cayó la comida, porque las consecuencias fueron muy desagradables.
Se despidió con cortesía y dignidad, mas temprano que de costumbre, argumentando que ese día había tenido mucho trabajo y necesitaba dormir......
sábado, 6 de octubre de 2012
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE GREGORIO (capítulo tres)
En aquéllos tiempos, los viajes en barco desde Montevideo significaban varias horas de viaje e implicaba por lo menos pernoctar durante una noche.
Gregorio desembarcó en el Puerto de Buenos Aires, que era un lugar que conocía muy poco y ello lo hacía sentirse como un extraño.
Llevaba en su mente un esquema sobre las distintas posibilidades de lo que haría en principio para poder subsistir, a pesar de que estaba dispuesto a improvisar si era necesario.
Tuvo suerte aparente con su caballo porque un señor de baja estatura, sonrisa muy amplia, sombrero alto con forma de hongo; con aires amistosos le ofreció guardarlo con los otros cinco equinos que había en el circo que estaba a pocas cuadras del Río de La Plata, a cambio de que se ocupara de bañarlos a todos y limpiar el establo dos veces por semana, ofreciéndole al mismo tiempo, comida y permiso para dormir todas las noches que necesitara, pero nada de plata. La comida era un fiasco y el lugar para dormir no era un "hotel cinco estrellas" precisamente, pero por lo menos solucionaba en lo inmediato su situación, sobre todo también, que no se le hacía tan fácil guardar al tobiano.
Cumplió entonces con su primer jornada de trabajo y aprovechó la ocasión para poder ver las lindas trapecistas, los domadores de leones y reirse un rato con los payasos y las monerías de un mono divertido, entre otras cosas.
Luego de cenar agarró un sueño tan pesado que al despertar ni se acordaba donde era que estaba, por un momento le pareció que era la estancia de Paysandú, pero al escuchar el rugido de los leones se despertó del todo y recordó su situación.
Pensó rapidamente en que le convenía encontrar una ocupación que fuera por lo menos un poco redituable, teniendo en cuenta que ya no le quedaba ni siquiera una moneda y con solamente comida y cama, si es que se podían llamar así, no era suficiente. Entonces luego de tomar una taza de mate cocido, que de yerba lo único que tenía era el color y unos panes mas duros que una piedra, salió a caminar sin mediar muchas palabras con este señor del sombrero alto.
Luego de caminar como unas dos horas, y probar suerte en varios lugares, consiguió que en una cantina italiana le dieran trabajo de ayudante de cocina y mozo al mismo tiempo, a cambio de algo de dinero además de algunas propinas, una pieza precaria con un catre y una manta para dormir y un baño que estaba afuera para bañarse con agua fría y hacer las otras cosas que se hacen en los baños. Eso si, la comida era sabrosa y abundante.
Se durmió profundo como era habitual, y como ya le había sucedido, volvió a soñar con sus padres que lo miraban sonrientes y tomados del brazo. Su despertar fue sobresaltado y algo cargado de angustia.
Pasaron otros dos dias mas de trabajar en la cantina. Tenía planeado ir el miércoles, porque le habían anticipado que sería su franco, a limpiar nuevamente la caballeriza del circo y poder ver a su caballo para que no lo extrañara era su idea, y de paso se divertiría viendo a las lindas trapecistas, los leones, los payasos y las monerías del mono.
Se dio cuenta que era el dia indicado porque lo despertó el dueño de la cantina, sonriendo y con la plata de la paga en la mano.
Tomó entonces el dinero, bebió dos tazas gigantes de leche con cascarilla y comió dos grandes sandwiches, uno de queso y otro de longaniza. Saludo amablemente a este señor y se fue rumbo al circo, haciéndosele muy fácil orientarse teniendo en cuenta su buena memoria visual y el hecho de tener que solamente bordear el río.
Por instinto apuró sus pasos y sintió latidos muy fuertes ya que a medida que iba llegando al lugar se iba acrecentando un mal presentimiento. En efecto, cuando llegó vio que el circo se había ido con tobiano incluido. Hizo un rodeo y preguntó a toda la gente que se le iba cruzando, vendedores ambulantes, policías, vecinas de esas que charlan en las esquinas pero que observan todo, pero nadie, absolutamente nadie, supo decirle algo sobre el destino del circo.
Gregorio, sin asumir que era inútil insistir en la búsqueda, comenzó a caminar muy angustiado y con desesperación, sin pensar en el rumbo que había tomado; luego de varios kilómetros se encontró con el centro de la Gran Ciudad y una gran cantidad de gente ovacionando al General Belgrano -era el 20 de Junio de 1920--
Allí se dio cuenta que estaban festejando el centenario de la creación de la Bandera Argentina. Habían personas bailando y cantando, puestos donde vendían desde mazamorra, chocolate caliente, pasteles, carne asada y muchas cosas ricas.
Gastó entonces algo del dinero para recuperar las calorías, al mismo tiempo que se distrajo un poco viendo los desfiles; aunque le volvió la tristeza cuando pasaron los soldados cabalgando frente a el. El que ha tenido caballo sabe bien que uno se encariña hasta de su olor.
Emprendió entonces bastante resignado, el regreso en un tranvía de aquellos que, para colmo, eran traccionados por esos mismos nobles animales.
Pero cuando llegó a la cantina fue tan bien recibido por el dueño que lo trataba como de la familia. Era un señor panzón y de grandes bigotes, lo cual le hacía acordar un poco al capataz de la estancia, sonriendo y pensando que parecía que los bigotudos le traían buena suerte.
Enseguida se puso a trabajar con entusiasmo y para cuando era ya de noche la tristeza se le había disipado un poco.
Aprendió mucho de los inmigrantes que durante su aventura fue conociendo. Supo ver en ellos a gente sensible y curtida por el dolor del desarraigo forzoso y la triste guerra.
En la cantina, sobre todo a la noche, había clima de fiesta. A Gregorio le encantaba la música, los tallarines. Hasta llegó a conocer la rica buseca y bailar un poco la tarantela.
Había pasado casi un año y terminó siendo como de la familia de los dueños del negocio e incluso con la mayoría de los parroquianos, ya que en su mayor parte eran habituè y gente un tanto solitaria que buscaba pasar un buen rato.
Se entretenía tanto, que ello le impedía pensar en irse para otro lado, a lo que sumaba que una de las hijas del "tano", una italianita muy linda y simpática, lo tenía un poco atrapado....
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Transcurrieron entonces muchos días de trabajo como mozo y ayudante de cocina, además de los coqueteos de la italianita que le hacían los dias mas llevaderos y lo sueños mas livianos.
Un dia un cliente muy trajeado y elegante que lo había estado observando todo el tiempo, le hizo un gesto pidiéndole a Gregorio que se acercara a su mesa. Eso hizo entonces en forma casi automática y natural, ya que era habitual que lo llamasen para pedirle alguna bebida o comida. Pero se sorprendió cuando este señor pintón le dijo que se sentara a su mesa e inmediatamente le comenzó a hacer diferentes preguntas, tales como su edad,su procedencia y sus estudios realizados y tomándo un papel le hizo escribir unas cuantas palabras y luego algunas operaciones numéricas. Allí fue cuando se dio cuenta de que le estaba tomando un examen como si estuviera en la escuela.
Este señor entonces revisó lo escrito y calculado en el papel e inmediatamente lo miró seriamente y le ofreció un trabajo en la aduana. Su tarea era la de recibir a los inmigrantes, tomar sus datos en un registro y revisar sus documentos y pertenencias, al mismo tiempo que dejar constancia de cuales eran sus objetivos del viaje a este pais de cada uno de los entrevistados.
El sueldo que le ofreció ese caballero era muy bueno y tentador y el lugar de desempeño estaba lo bastante cerca de la cantina como para poder visitar a la italianita e ir a comer, bailar y divertirse un rato; no lo dudó ni por un minuto.Eso si, tendría que rentar una habitación, pero la idea lo seducía, sobre todo porque le daría, creia Gregorio, mucha autonomía, y se aproximaba bastante a lo que creía que estaba buscando.
Gregorio desembarcó en el Puerto de Buenos Aires, que era un lugar que conocía muy poco y ello lo hacía sentirse como un extraño.
Llevaba en su mente un esquema sobre las distintas posibilidades de lo que haría en principio para poder subsistir, a pesar de que estaba dispuesto a improvisar si era necesario.
Tuvo suerte aparente con su caballo porque un señor de baja estatura, sonrisa muy amplia, sombrero alto con forma de hongo; con aires amistosos le ofreció guardarlo con los otros cinco equinos que había en el circo que estaba a pocas cuadras del Río de La Plata, a cambio de que se ocupara de bañarlos a todos y limpiar el establo dos veces por semana, ofreciéndole al mismo tiempo, comida y permiso para dormir todas las noches que necesitara, pero nada de plata. La comida era un fiasco y el lugar para dormir no era un "hotel cinco estrellas" precisamente, pero por lo menos solucionaba en lo inmediato su situación, sobre todo también, que no se le hacía tan fácil guardar al tobiano.
Cumplió entonces con su primer jornada de trabajo y aprovechó la ocasión para poder ver las lindas trapecistas, los domadores de leones y reirse un rato con los payasos y las monerías de un mono divertido, entre otras cosas.
Luego de cenar agarró un sueño tan pesado que al despertar ni se acordaba donde era que estaba, por un momento le pareció que era la estancia de Paysandú, pero al escuchar el rugido de los leones se despertó del todo y recordó su situación.
Pensó rapidamente en que le convenía encontrar una ocupación que fuera por lo menos un poco redituable, teniendo en cuenta que ya no le quedaba ni siquiera una moneda y con solamente comida y cama, si es que se podían llamar así, no era suficiente. Entonces luego de tomar una taza de mate cocido, que de yerba lo único que tenía era el color y unos panes mas duros que una piedra, salió a caminar sin mediar muchas palabras con este señor del sombrero alto.
Luego de caminar como unas dos horas, y probar suerte en varios lugares, consiguió que en una cantina italiana le dieran trabajo de ayudante de cocina y mozo al mismo tiempo, a cambio de algo de dinero además de algunas propinas, una pieza precaria con un catre y una manta para dormir y un baño que estaba afuera para bañarse con agua fría y hacer las otras cosas que se hacen en los baños. Eso si, la comida era sabrosa y abundante.
Se durmió profundo como era habitual, y como ya le había sucedido, volvió a soñar con sus padres que lo miraban sonrientes y tomados del brazo. Su despertar fue sobresaltado y algo cargado de angustia.
Pasaron otros dos dias mas de trabajar en la cantina. Tenía planeado ir el miércoles, porque le habían anticipado que sería su franco, a limpiar nuevamente la caballeriza del circo y poder ver a su caballo para que no lo extrañara era su idea, y de paso se divertiría viendo a las lindas trapecistas, los leones, los payasos y las monerías del mono.
Se dio cuenta que era el dia indicado porque lo despertó el dueño de la cantina, sonriendo y con la plata de la paga en la mano.
Tomó entonces el dinero, bebió dos tazas gigantes de leche con cascarilla y comió dos grandes sandwiches, uno de queso y otro de longaniza. Saludo amablemente a este señor y se fue rumbo al circo, haciéndosele muy fácil orientarse teniendo en cuenta su buena memoria visual y el hecho de tener que solamente bordear el río.
Por instinto apuró sus pasos y sintió latidos muy fuertes ya que a medida que iba llegando al lugar se iba acrecentando un mal presentimiento. En efecto, cuando llegó vio que el circo se había ido con tobiano incluido. Hizo un rodeo y preguntó a toda la gente que se le iba cruzando, vendedores ambulantes, policías, vecinas de esas que charlan en las esquinas pero que observan todo, pero nadie, absolutamente nadie, supo decirle algo sobre el destino del circo.
Gregorio, sin asumir que era inútil insistir en la búsqueda, comenzó a caminar muy angustiado y con desesperación, sin pensar en el rumbo que había tomado; luego de varios kilómetros se encontró con el centro de la Gran Ciudad y una gran cantidad de gente ovacionando al General Belgrano -era el 20 de Junio de 1920--
Allí se dio cuenta que estaban festejando el centenario de la creación de la Bandera Argentina. Habían personas bailando y cantando, puestos donde vendían desde mazamorra, chocolate caliente, pasteles, carne asada y muchas cosas ricas.
Gastó entonces algo del dinero para recuperar las calorías, al mismo tiempo que se distrajo un poco viendo los desfiles; aunque le volvió la tristeza cuando pasaron los soldados cabalgando frente a el. El que ha tenido caballo sabe bien que uno se encariña hasta de su olor.
Emprendió entonces bastante resignado, el regreso en un tranvía de aquellos que, para colmo, eran traccionados por esos mismos nobles animales.
Pero cuando llegó a la cantina fue tan bien recibido por el dueño que lo trataba como de la familia. Era un señor panzón y de grandes bigotes, lo cual le hacía acordar un poco al capataz de la estancia, sonriendo y pensando que parecía que los bigotudos le traían buena suerte.
Enseguida se puso a trabajar con entusiasmo y para cuando era ya de noche la tristeza se le había disipado un poco.
Aprendió mucho de los inmigrantes que durante su aventura fue conociendo. Supo ver en ellos a gente sensible y curtida por el dolor del desarraigo forzoso y la triste guerra.
En la cantina, sobre todo a la noche, había clima de fiesta. A Gregorio le encantaba la música, los tallarines. Hasta llegó a conocer la rica buseca y bailar un poco la tarantela.
Había pasado casi un año y terminó siendo como de la familia de los dueños del negocio e incluso con la mayoría de los parroquianos, ya que en su mayor parte eran habituè y gente un tanto solitaria que buscaba pasar un buen rato.
Se entretenía tanto, que ello le impedía pensar en irse para otro lado, a lo que sumaba que una de las hijas del "tano", una italianita muy linda y simpática, lo tenía un poco atrapado....
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Transcurrieron entonces muchos días de trabajo como mozo y ayudante de cocina, además de los coqueteos de la italianita que le hacían los dias mas llevaderos y lo sueños mas livianos.
Un dia un cliente muy trajeado y elegante que lo había estado observando todo el tiempo, le hizo un gesto pidiéndole a Gregorio que se acercara a su mesa. Eso hizo entonces en forma casi automática y natural, ya que era habitual que lo llamasen para pedirle alguna bebida o comida. Pero se sorprendió cuando este señor pintón le dijo que se sentara a su mesa e inmediatamente le comenzó a hacer diferentes preguntas, tales como su edad,su procedencia y sus estudios realizados y tomándo un papel le hizo escribir unas cuantas palabras y luego algunas operaciones numéricas. Allí fue cuando se dio cuenta de que le estaba tomando un examen como si estuviera en la escuela.
Este señor entonces revisó lo escrito y calculado en el papel e inmediatamente lo miró seriamente y le ofreció un trabajo en la aduana. Su tarea era la de recibir a los inmigrantes, tomar sus datos en un registro y revisar sus documentos y pertenencias, al mismo tiempo que dejar constancia de cuales eran sus objetivos del viaje a este pais de cada uno de los entrevistados.
El sueldo que le ofreció ese caballero era muy bueno y tentador y el lugar de desempeño estaba lo bastante cerca de la cantina como para poder visitar a la italianita e ir a comer, bailar y divertirse un rato; no lo dudó ni por un minuto.Eso si, tendría que rentar una habitación, pero la idea lo seducía, sobre todo porque le daría, creia Gregorio, mucha autonomía, y se aproximaba bastante a lo que creía que estaba buscando.
martes, 25 de septiembre de 2012
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE GREGORIO (capítulo dos)
La realidad de las cosas es que conocí a Don Gregorio mucho tiempo después de su juventud y que tomé contacto con el cuando había pasado un montón de tiempo.Sin embargo nació entre ambos mas que una amistad, un vínculo lindante con lo sagrado; ya que a partir de entonces, se constituyó en un referente casi esencial para mi vida y justamente cuando menos lo esperaba, y en cierto modo mas lo necesitaba.
El era ya un anciano de unos noventa años y yo andaba por los veintiocho, tenía mi familia armada con tres hijos y el trabajo bastante organizado; pero me encantaba visitarlo, por lo que lo hacía muy seguido.
Había quedado solo en la vida y me concedió el privilegio de preparar los mates amargos de la manera que me había enseñado. La pava tiznada sobre fuego muy lento y bajito, sacudir la yerba dentro del mate calabaza para que se acomode y luego golpearlo suavemente sobre la palma de la mano para que ésta se pueda asentar, y, con un poquito de agua apenas tibia, aplastarla hacia un lateral con la bombilla cucharita, mientras que con el dedo índice controlarle la temperatura de aquella hasta lograr el punto adecuado como para iniciar la cebada.Manteniéndole el sabor justo, cambiando aquella de lugar a medida que fuese necesario. Daría cualquier cosa por volver a vivir esos rituales compartidos con Don Gregorio.
El mate, unas galletas con un poco de queso y miel y sus largas historias de juventud que gustaba de contarme durante un buen rato hasta que se cansaba, algunas de las cuales trataré de transcribir de la manera mas prolija y en cuanto me vaya siendo posible.
Como todo buen anciano tenía sus costumbres arraigadas con un ritual casi religioso diría. Se levantaba muy temprano, comía unas naranjas y algún que otro complemento para estar bien alimentado. Le tiraba todas las mañanas, migas de pan a los pájaros, por lo que su patio siempre estaba lleno de ellos, con quienes se sentía acompañado, sumado al perfume de las flores que cuidaba diariamente.
Quiero contarte entonces que aquel joven soñador y despierto, fue con el tiempo una persona sabia y apacible, que sabía mucho sobre el valor del tiempo y de las pequeñas grandes cosas que nos suele regalar la vida.
Junto con el mate, me acostumbraba a sentar frente a el para que me contase sus jugosas historias, de lo cual no me cansaba aunque las repitiera porque siempre les encontraba nuevos detalles.
...... Además de haber tenido el privilegio de ser la única persona en quien delegó la mateada, tuve entre otros, el regalo de ayudarlo con su huerta adonde ya no podía agacharse tanto y de subir al techo de su sencilla casa, para arreglar lo que hiciera falta, ya que no tenía, sinceramente, confianza en algún otro para que lo pudiera hacer como el quería.
-------------
Tal vez porque su padre había sido farmacéutico, se le despertó la curiosidad de investigar a fondo sobre las plantas medicinales y, particularmente sobre la homeopatía. De lo cual, hasta tal punto sabía, que a un médico de la especialidad, lo he visto, que muchas veces lo iba a ver para hacerle consultas sobre el tema. Pero Don Gregorio tenía la sencillez y humildad de los sabios, compartía con generosidad sus conocimientos y conclusiones.
----------------
Hablaba poco, pero era dócil a la interlocución. Pero eso si, no era de gastar palabras inutilmente. Inspiraba en mi, entonces un gran respeto. Era de esas personas cuyos silencios eran muy elocuentes .
A la puerta de su casa se acercaban los chicos del barrio con cariño y hasta había un perrito que lo visitaba todos los días.
En su mirada se notaba que viajaba lejos con su pensamiento. Tal vez andaba por sus tiempos de juventud o con seguridad extrañaba a su compañera perdida. Creo que también había logrado tener una profunda manera de entender la vida.
En ocasiones tomaba la guitarra, pero eso lo hacía estando solo. Me daba cuenta de ello porque la veía muchas veces afuera del armario.
Ataré cabos sueltos y te iré contando de a poco y en la medida que logre armar algunas de las historias, sobre las cuales no te quiero aburrir. Dame tiempo, que te estoy compartiendo un tesoro. Teneme paciencia.
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Una de las cosas que impactaba a mi atención, era que cuando vivía su esposa y algún chiquito pobre llamaba a la puerta. Ponían tanto amor en prepararle un sandwich y se lo daban sin hacer ningún protocolo y con tanta sencillez que, magicamente el nenito se iba transformado y pleno de felicidad.
La casa era sencilla y ordenada. Eran pobres pero nunca les faltaba nada. Cuando se producía silencio, por alguna razón misteriosa sentía pasar los fantasmas de una extensa y muy nutrida historia....
NOTA (si tenés otro ratito y no lo hiciste, te sugiero que leas el capítulo anterior)
El era ya un anciano de unos noventa años y yo andaba por los veintiocho, tenía mi familia armada con tres hijos y el trabajo bastante organizado; pero me encantaba visitarlo, por lo que lo hacía muy seguido.
Había quedado solo en la vida y me concedió el privilegio de preparar los mates amargos de la manera que me había enseñado. La pava tiznada sobre fuego muy lento y bajito, sacudir la yerba dentro del mate calabaza para que se acomode y luego golpearlo suavemente sobre la palma de la mano para que ésta se pueda asentar, y, con un poquito de agua apenas tibia, aplastarla hacia un lateral con la bombilla cucharita, mientras que con el dedo índice controlarle la temperatura de aquella hasta lograr el punto adecuado como para iniciar la cebada.Manteniéndole el sabor justo, cambiando aquella de lugar a medida que fuese necesario. Daría cualquier cosa por volver a vivir esos rituales compartidos con Don Gregorio.
El mate, unas galletas con un poco de queso y miel y sus largas historias de juventud que gustaba de contarme durante un buen rato hasta que se cansaba, algunas de las cuales trataré de transcribir de la manera mas prolija y en cuanto me vaya siendo posible.
Como todo buen anciano tenía sus costumbres arraigadas con un ritual casi religioso diría. Se levantaba muy temprano, comía unas naranjas y algún que otro complemento para estar bien alimentado. Le tiraba todas las mañanas, migas de pan a los pájaros, por lo que su patio siempre estaba lleno de ellos, con quienes se sentía acompañado, sumado al perfume de las flores que cuidaba diariamente.
Quiero contarte entonces que aquel joven soñador y despierto, fue con el tiempo una persona sabia y apacible, que sabía mucho sobre el valor del tiempo y de las pequeñas grandes cosas que nos suele regalar la vida.
Junto con el mate, me acostumbraba a sentar frente a el para que me contase sus jugosas historias, de lo cual no me cansaba aunque las repitiera porque siempre les encontraba nuevos detalles.
...... Además de haber tenido el privilegio de ser la única persona en quien delegó la mateada, tuve entre otros, el regalo de ayudarlo con su huerta adonde ya no podía agacharse tanto y de subir al techo de su sencilla casa, para arreglar lo que hiciera falta, ya que no tenía, sinceramente, confianza en algún otro para que lo pudiera hacer como el quería.
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Tal vez porque su padre había sido farmacéutico, se le despertó la curiosidad de investigar a fondo sobre las plantas medicinales y, particularmente sobre la homeopatía. De lo cual, hasta tal punto sabía, que a un médico de la especialidad, lo he visto, que muchas veces lo iba a ver para hacerle consultas sobre el tema. Pero Don Gregorio tenía la sencillez y humildad de los sabios, compartía con generosidad sus conocimientos y conclusiones.
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Hablaba poco, pero era dócil a la interlocución. Pero eso si, no era de gastar palabras inutilmente. Inspiraba en mi, entonces un gran respeto. Era de esas personas cuyos silencios eran muy elocuentes .
A la puerta de su casa se acercaban los chicos del barrio con cariño y hasta había un perrito que lo visitaba todos los días.
En su mirada se notaba que viajaba lejos con su pensamiento. Tal vez andaba por sus tiempos de juventud o con seguridad extrañaba a su compañera perdida. Creo que también había logrado tener una profunda manera de entender la vida.
En ocasiones tomaba la guitarra, pero eso lo hacía estando solo. Me daba cuenta de ello porque la veía muchas veces afuera del armario.
Ataré cabos sueltos y te iré contando de a poco y en la medida que logre armar algunas de las historias, sobre las cuales no te quiero aburrir. Dame tiempo, que te estoy compartiendo un tesoro. Teneme paciencia.
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Una de las cosas que impactaba a mi atención, era que cuando vivía su esposa y algún chiquito pobre llamaba a la puerta. Ponían tanto amor en prepararle un sandwich y se lo daban sin hacer ningún protocolo y con tanta sencillez que, magicamente el nenito se iba transformado y pleno de felicidad.
La casa era sencilla y ordenada. Eran pobres pero nunca les faltaba nada. Cuando se producía silencio, por alguna razón misteriosa sentía pasar los fantasmas de una extensa y muy nutrida historia....
NOTA (si tenés otro ratito y no lo hiciste, te sugiero que leas el capítulo anterior)
martes, 18 de septiembre de 2012
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE GREGORIO (cuento)
Había sido un pibe criado en una de esas familias de apellido. Su mamá era directora de una escuela y su papá farmacéutico.
Nació en los mil novecientos y pico y en consecuencia experimentó novedades increibles como la aparición de los primeros aviones. Sus padres, de un origen con fuerte raigambre, tenían destacada posición social.
Pero, era mas la imagen que otra cosa, ya que no les sobraba el dinero y eran muchos hermanos.
Gregorio resultó ser un buen hijo, colaboraba en todo lo que podía y al mismo tiempo que estudiaba, ayudaba con los quehaceres domésticos y también de vez en cuando, conseguía alguna changa para aliviar el presupuesto.
Mientras crecía y maduraba, alimentaba planes personales, entre los cuales se le había formado la idea de emanciparse para no ser una carga. Con su mente recorría largas distancias y soñaba aventuras tanto dormido como despierto.
En aquéllos tiempos el cuidado de la imagen familiar estaba muy ligado al estilo de vida, lo cual se custodiaba al detalle.
Por distintos factores que se sumaron, hizo que se forjara en su personalidad un espíritu aventurero y el deseo de probarse a sí mismo en su capacidad de arreglarse por su cuenta. Espíritu que en esos épocas y ambientes no cualquiera podía darse el lujo de tener. Había que ser muy temperamental y particular. A tal punto que las pocas veces que intentó compartir sus planes, sus amigos y hermanos se reían y se veía a las claras que no lo entendían, ni se interesaban en hacerlo. En realidad ésto le provocaba una indignación que no sacaba a relucir guardándose sus ideas adentro suyo.
Sus padres, aunque no entendía muy bien porqué, desde hacía mucho que discutían por cualquier cosa y sus hermanos entonces, callejeaban todo el dia y a ninguno se le daba por trabajar, a gatas estudiaban para salir del paso; al contrario de Gregorio que además de cumplir con la escuela, siempre estaba ganando un peso por su propia iniciativa, pero hay que tener en cuenta que su madre le exigía la mitad de lo que ganaba aunque el la ayudaba gustoso.Pero, a pesar de ello, tenía un libro que había ahuecado como una caja, para guardar sus ahorros sin que nadie lo notara. Las peleas matrimoniales parecía ser el factor que hacía que su papá regresara aparentemente de sus labores cada vez mas tarde y que su mamá los fines de semana se ausentara largas horas sin mediar ningún tipo de explicación.
Gregorio era un tipo sano mentalmente y jamás se atrevió a opinar sobre sus padres. Pero igualmente se encontraba triste por la vida que llevaban, ya que la familia estaba cada vez mas desorganizada y sus hermanos hacían lo que querían y salían para cualquier lado sin comentar nada. Era evidente que ya no había autoridad que les pusiera límites.Hay muchos detalles que serían muy largos de mencionar, pero si piensas un poco, podrás imaginarte las cosas que van sucediendo cuando se lleva una vida así. Se podría decir que, casi era preferible que no hubiesen encuentros en la mesa familiar, porque el clima siempre daba para discusiones. Pero la verdad era que, resultaba triste pensarlo así.
La situación se sumó a sus sueños y alimentó aún mas su idea de alejarse y vivir por sus propios medios sin tener que rendirle cuentas a nadie. El único asunto que le jugaba en contra era el hecho de que llevaba una vida de traje y corbata y zapatos lustrosos, por decirlo de algún modo; la etiqueta de su estilo se contradecía con sus planes, a lo cual, con su temperamento innovador, le aderezaba mejor sabor y estímulo para que sus planes de fantasía se convirtiesen en realidad.
Pasaron unos pocos meses en que terminó cuarto año del secundario y fue en esa ocasión, que sin mediar ningún tipo de consulta con sus padres, hermanos o amigos, armó un bolso tubular, de lona fuerte y color blanco de estilo marinero, con toda su ropa menos los trajes y las corbatas, su libreta de anotaciones, algo de comida que su mamá y hermana mayor le prepararon con una tácita actitud de afecto y comprensión. Y, sin muchas palabras las despidió desde la puerta de la casa partiendo muy decidido y sin mirar para atrás, en un colectivo que lo llevaría hacia el puerto de Buenos Aires; desde donde a eso de la tardecita con las monedas que había ido juntando desde hacía bastante tiempo, logró viajar en una barcaza, en la que para gastar menos, lo contrataron de cocinero para poder ahorrarse la comida y otros gastos, hasta el Puerto de Montevideo.
Había que tener en cuenta que el muchacho de agradable estampa y modo educado de tratar y expresarse, lograba que lo recibieran bien en todos lados. Con ese mismo estilo reflejaba la seguridad en si mismo que le concedieron sus genes y tradiciones heredadas por los padres, de los padres, de sus padres.Lo cual le aportaba un sello de distinción que no podía disimular aunque quisiera. Ello le permitía al mismo tiempo ocultar sus temores ante un cambio tan importante de situación y ambiente. Por otra parte, como cada cual cosecha lo que siembra y Gregorio siempre se habia portado bien, obtuvo buenos frutos entonces.
El hecho de no haber terminado el colegio secundario, no le restaba mucho en aquellos entonces, ya que solamente con haber terminado cuarto año, mas sus características personales, hacía que fuera visto como bien escalafonado socialmente y la gente sencilla lo veía como "sabedor", "léido" o "dotor", le abriría puertas entonces; y Gregorio, sin ánimo de especular, era bien consciente de esa ventaja aparente. Pero, su plan era recomenzar desde abajo superando miedos y vergüenzas para el desconocidas.
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Emprendió entonces un largo viaje en carreta hasta llegar a la tranquera principal de una estancia de Paysandú, donde armándose de coraje hizo sonar muy fuerte el cencerro que había colgado en ella como campana, con insistencia y durante un rato, hasta que vió aparecer la manada de perros del establecimiento, corriendo directamente hacia el, con apariencia de morderlo. Pero inmediatamente y por instinto, se dio cuenta que quedándose del lado de afuera no le sucedería nada.
Pasó mucho rato esperando sentado sobre un tronco de árbol caido ante la mirada fija de los canes, echados del lado de adentro y sin apartarse la vista mutuamente.A Gregorio y a los perros los vencía el sueño . Aunque a éste, debido su joven edad de dieciséis años, se le sumaba en consecuencia, el hambre que se hacía escuchar con los ruidos de su estómago. Y precisamente en el momento en que Morfeo ya lo tenía en sus manos, arropado con una manta que llevaba en el bolso, se despertó de golpe con los resoplidos de un gran caballo que se plantó a su lado, montado por un rústico jinete que portaba un gran sombrero y un bigote tan grande que no le envidiaba nada al primero.
"Sombrero y mostacho", lo bautizó enseguida en silencio y con humor como para superar el miedo que sentía, estrepitó con una gruesa voz la exclamación de "¿qué andás buscando muchacho?" sin apartarle en ningún momento una mirada fuerte e inquisidora.
Gregorio pegó un salto como colimba ante el sargento y sacudiéndose los pastos como queriendo agarrar la seguridad que se le había escapado, le respondió sin poder disimular su tono citadino que...."¡ando buscando trabajo, techo y comida señor!".Inmediatamente tomó conciencia de que su respuesta, influenciada por cierto temor inevitable, había sido de una especie de estilo militaresco, pero bueno, ya está, pensó, salió como tendría que ser.
Resultó ser que, sombrero y bigotes era un bonachón que inmediatamente lo trasladó en el anca hasta el casco de la estancia y lo presentó ante el dueño diciéndole que "este joven anda buscando conchabo y refugio pachoncito"
Ya era muy de noche, pero pudo comer un abundante puchero aún calentito, que siempre suelen tener en esos lugares sobre el fuego casi apagado de la cocina a leña. Eso hizo sentado en el suelo del granero donde luego se quedó profundamente dormido hasta que cantó el gallo y le caminaran algunos pollitos por encima, aunque tuvo que limpiarse con un papel que había por ahí, algún que otro regalito que éstos le hicieron sobre la cara y la ropa. Lo cual, sumado al trinar de los pajaritos que abundaban, le dispuso buen carácter como para iniciar una nueva vida.
Ni por asomo se podía imaginar el cambio profundo que se estaba por producir en el estilo al que hasta ahora estaba acostumbrado.
Sombrero y bigotes, al que luego supo que le decían El Gringo, ordenó a un peón de patio a la mañana temprano, que le diese casi una jarra de leche tibia. y un pan con chicharrones, suficientemente grande como para llenar la panza de un pibe joven en pleno crecimiento.
Inmediatamente le proveyó de bombacha de campo, boina, cuchillo con vaina y otros enseres convenientes. ¡Hasta un poncho le dio!
Luego le entregó en sus manos un caballo tobiano de esos que son caderones y algo petizos, pero fuertes y nobles, haciendo que lo ensillaran al estilo campestre, con ayuda por esta vez. Demostrando sabiduría y tolerancia para con un joven que se notaba bien que era de la ciudad, que en adelante, se haría inseparable con ese animal.
Por suerte había aprendido a montar bastante bien, pero a la manera del elegante club hípico donde había gustado de concurrir. Pero aprobó fácilmente el tácito examen que El Gringo y la peonada le estaban tomando sin hablar.
Los peones eran de diferentes edades y costumbres, algunos mayores y otros menores que el. Pero, dado su simpatía y el reirse por su cuenta de sus propios errores, hizo que se ganara rápidamente el afecto y apoyo de sus compañeros. Hasta aprendió a cebar mate amargo y a comer asado con cuchillo y pan en mano.Había que tener en cuenta que estaba criado en casa de te y tetera sobre una mesa de mantel bordado a mano.
No pasó una semana que se hizo amigo de todos.
Aprendió a cabalgar largas distancias, enlazar terneras y novillos y todo tipo de tarea que pueda llamarse de campo. Lo que mas le gustaba era arrear y correr con el viento. Como tenía facilidad, frecuentemente cocinaba para todo el grupo. Y, especialmente por las noches para disfrazar la nostalgia, tomaba una guitarra que había encontrado tirada en el granero, resultando que había sido de un hijo del patrón que se había ido y no regresado; lo cual hizo que éste viera con buenos ojos que la utilizara, haciéndose por su cuenta, la fantasía de que era su propio hijo el que le sacaba lustre musical. Ocasiones en que alguno de los peones solíanse arrimar para berrear alguna zamba triste mayormente; pero ello los unía en la adoración mágica del fuego como suele suceder. Pero eso si, el patrón no les permitía tomar vino, ni ginebra, ni lo que se le pareciese. Entonces hacían ronda con el cimarrón. Lo que era seguro, es que en esas ocasiones los perros se le tiraban alrededor para escucharlo. Es que para ellos, ya era parte de la manada.
Que gente buena, pensaba Gregorio, buena y sencilla. Sin apreciar que lo querían porque en el fondo de su corazón, también era como uno de ellos, los que a su vez tenían la profunda sabiduría de las personas simples, que no necesitan pensar para conocerte.
Con el tiempo se fue dando cuenta de que las personas nos parecemos unos a otros, mucho mas de lo que creemos parecernos.
Habían transcurrido unos seis meses, pero sentía como que hubiera estado varios años en la estancia de Paysandú.
"Ya sos todo un hombre" imaginaba que sus padres le dirían tomados del brazo y contentos, pero bien sabía que no era tan así.
Había desarrollado destreza para el trabajo de campo y se sentía tan seguro como nunca lo había experimentado. Su cara estaba curtida y sus manos tenían callos maduros
De un día para otro, así como así, movido por su espíritu aventurero y deseo de buscar independencia y un "no se bien que" tomó la decisión de abandonar la estancia para seguir otros rumbos.
Como pago por sus servicios le dieron bastante dinero, el tobiano, la guitarra, la boina, la bombacha y le proveyeron de todo el equipamiento conveniente como para seguir viaje. Al mismo tiempo que llevaba una botella de barro con agua, yerba y algunos panes con chicharrones que tanto le habían gustado.
Algunos abrazos y pocas palabras fueron la despedida. Lo que mas le sorprendió es que El Gringo o Sombrero y Bigotes, lo acompañó hasta la tranquera con otros dos peones y los perros, y así nomás le "echó su bendición en la frente"; ésto lo hizo temblar de emoción y lo dejó marcado para toda su vida.
Orientado por el sol y la humedad de los árboles supo rumbear hacia el sur llegando hasta el mar donde logró que en un rudimentario barco pesquero ruso o algo así, lo dejaran ir hacia la otra orilla, como de regreso, con el caballo incluido, a cambio de trabajar en la cocina como ya se le había hecho costumbre...
No te voy a negar que el deseo de encontrarse con su familia nuevamente para lograr lo que resultaba ser un sueño permanecía en su cabeza; pero algo le decía que todavía no era el tiempo para ello. Tal vez pasarían muchos días mas, o años quizás. Tenía la certeza de que al menos por el momento o por un largo tiempo, debía recorrer nuevos lugares y encontrar otras personas y aventuras y respuestas que estaba necesitando. Pero, antes que nada, prevalecía en su persona el firme deseo de arreglarse por su cuenta.
Nació en los mil novecientos y pico y en consecuencia experimentó novedades increibles como la aparición de los primeros aviones. Sus padres, de un origen con fuerte raigambre, tenían destacada posición social.
Pero, era mas la imagen que otra cosa, ya que no les sobraba el dinero y eran muchos hermanos.
Gregorio resultó ser un buen hijo, colaboraba en todo lo que podía y al mismo tiempo que estudiaba, ayudaba con los quehaceres domésticos y también de vez en cuando, conseguía alguna changa para aliviar el presupuesto.
Mientras crecía y maduraba, alimentaba planes personales, entre los cuales se le había formado la idea de emanciparse para no ser una carga. Con su mente recorría largas distancias y soñaba aventuras tanto dormido como despierto.
En aquéllos tiempos el cuidado de la imagen familiar estaba muy ligado al estilo de vida, lo cual se custodiaba al detalle.
Por distintos factores que se sumaron, hizo que se forjara en su personalidad un espíritu aventurero y el deseo de probarse a sí mismo en su capacidad de arreglarse por su cuenta. Espíritu que en esos épocas y ambientes no cualquiera podía darse el lujo de tener. Había que ser muy temperamental y particular. A tal punto que las pocas veces que intentó compartir sus planes, sus amigos y hermanos se reían y se veía a las claras que no lo entendían, ni se interesaban en hacerlo. En realidad ésto le provocaba una indignación que no sacaba a relucir guardándose sus ideas adentro suyo.
Sus padres, aunque no entendía muy bien porqué, desde hacía mucho que discutían por cualquier cosa y sus hermanos entonces, callejeaban todo el dia y a ninguno se le daba por trabajar, a gatas estudiaban para salir del paso; al contrario de Gregorio que además de cumplir con la escuela, siempre estaba ganando un peso por su propia iniciativa, pero hay que tener en cuenta que su madre le exigía la mitad de lo que ganaba aunque el la ayudaba gustoso.Pero, a pesar de ello, tenía un libro que había ahuecado como una caja, para guardar sus ahorros sin que nadie lo notara. Las peleas matrimoniales parecía ser el factor que hacía que su papá regresara aparentemente de sus labores cada vez mas tarde y que su mamá los fines de semana se ausentara largas horas sin mediar ningún tipo de explicación.
Gregorio era un tipo sano mentalmente y jamás se atrevió a opinar sobre sus padres. Pero igualmente se encontraba triste por la vida que llevaban, ya que la familia estaba cada vez mas desorganizada y sus hermanos hacían lo que querían y salían para cualquier lado sin comentar nada. Era evidente que ya no había autoridad que les pusiera límites.Hay muchos detalles que serían muy largos de mencionar, pero si piensas un poco, podrás imaginarte las cosas que van sucediendo cuando se lleva una vida así. Se podría decir que, casi era preferible que no hubiesen encuentros en la mesa familiar, porque el clima siempre daba para discusiones. Pero la verdad era que, resultaba triste pensarlo así.
La situación se sumó a sus sueños y alimentó aún mas su idea de alejarse y vivir por sus propios medios sin tener que rendirle cuentas a nadie. El único asunto que le jugaba en contra era el hecho de que llevaba una vida de traje y corbata y zapatos lustrosos, por decirlo de algún modo; la etiqueta de su estilo se contradecía con sus planes, a lo cual, con su temperamento innovador, le aderezaba mejor sabor y estímulo para que sus planes de fantasía se convirtiesen en realidad.
Pasaron unos pocos meses en que terminó cuarto año del secundario y fue en esa ocasión, que sin mediar ningún tipo de consulta con sus padres, hermanos o amigos, armó un bolso tubular, de lona fuerte y color blanco de estilo marinero, con toda su ropa menos los trajes y las corbatas, su libreta de anotaciones, algo de comida que su mamá y hermana mayor le prepararon con una tácita actitud de afecto y comprensión. Y, sin muchas palabras las despidió desde la puerta de la casa partiendo muy decidido y sin mirar para atrás, en un colectivo que lo llevaría hacia el puerto de Buenos Aires; desde donde a eso de la tardecita con las monedas que había ido juntando desde hacía bastante tiempo, logró viajar en una barcaza, en la que para gastar menos, lo contrataron de cocinero para poder ahorrarse la comida y otros gastos, hasta el Puerto de Montevideo.
Había que tener en cuenta que el muchacho de agradable estampa y modo educado de tratar y expresarse, lograba que lo recibieran bien en todos lados. Con ese mismo estilo reflejaba la seguridad en si mismo que le concedieron sus genes y tradiciones heredadas por los padres, de los padres, de sus padres.Lo cual le aportaba un sello de distinción que no podía disimular aunque quisiera. Ello le permitía al mismo tiempo ocultar sus temores ante un cambio tan importante de situación y ambiente. Por otra parte, como cada cual cosecha lo que siembra y Gregorio siempre se habia portado bien, obtuvo buenos frutos entonces.
El hecho de no haber terminado el colegio secundario, no le restaba mucho en aquellos entonces, ya que solamente con haber terminado cuarto año, mas sus características personales, hacía que fuera visto como bien escalafonado socialmente y la gente sencilla lo veía como "sabedor", "léido" o "dotor", le abriría puertas entonces; y Gregorio, sin ánimo de especular, era bien consciente de esa ventaja aparente. Pero, su plan era recomenzar desde abajo superando miedos y vergüenzas para el desconocidas.
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Emprendió entonces un largo viaje en carreta hasta llegar a la tranquera principal de una estancia de Paysandú, donde armándose de coraje hizo sonar muy fuerte el cencerro que había colgado en ella como campana, con insistencia y durante un rato, hasta que vió aparecer la manada de perros del establecimiento, corriendo directamente hacia el, con apariencia de morderlo. Pero inmediatamente y por instinto, se dio cuenta que quedándose del lado de afuera no le sucedería nada.
Pasó mucho rato esperando sentado sobre un tronco de árbol caido ante la mirada fija de los canes, echados del lado de adentro y sin apartarse la vista mutuamente.A Gregorio y a los perros los vencía el sueño . Aunque a éste, debido su joven edad de dieciséis años, se le sumaba en consecuencia, el hambre que se hacía escuchar con los ruidos de su estómago. Y precisamente en el momento en que Morfeo ya lo tenía en sus manos, arropado con una manta que llevaba en el bolso, se despertó de golpe con los resoplidos de un gran caballo que se plantó a su lado, montado por un rústico jinete que portaba un gran sombrero y un bigote tan grande que no le envidiaba nada al primero.
"Sombrero y mostacho", lo bautizó enseguida en silencio y con humor como para superar el miedo que sentía, estrepitó con una gruesa voz la exclamación de "¿qué andás buscando muchacho?" sin apartarle en ningún momento una mirada fuerte e inquisidora.
Gregorio pegó un salto como colimba ante el sargento y sacudiéndose los pastos como queriendo agarrar la seguridad que se le había escapado, le respondió sin poder disimular su tono citadino que...."¡ando buscando trabajo, techo y comida señor!".Inmediatamente tomó conciencia de que su respuesta, influenciada por cierto temor inevitable, había sido de una especie de estilo militaresco, pero bueno, ya está, pensó, salió como tendría que ser.
Resultó ser que, sombrero y bigotes era un bonachón que inmediatamente lo trasladó en el anca hasta el casco de la estancia y lo presentó ante el dueño diciéndole que "este joven anda buscando conchabo y refugio pachoncito"
Ya era muy de noche, pero pudo comer un abundante puchero aún calentito, que siempre suelen tener en esos lugares sobre el fuego casi apagado de la cocina a leña. Eso hizo sentado en el suelo del granero donde luego se quedó profundamente dormido hasta que cantó el gallo y le caminaran algunos pollitos por encima, aunque tuvo que limpiarse con un papel que había por ahí, algún que otro regalito que éstos le hicieron sobre la cara y la ropa. Lo cual, sumado al trinar de los pajaritos que abundaban, le dispuso buen carácter como para iniciar una nueva vida.
Ni por asomo se podía imaginar el cambio profundo que se estaba por producir en el estilo al que hasta ahora estaba acostumbrado.
Sombrero y bigotes, al que luego supo que le decían El Gringo, ordenó a un peón de patio a la mañana temprano, que le diese casi una jarra de leche tibia. y un pan con chicharrones, suficientemente grande como para llenar la panza de un pibe joven en pleno crecimiento.
Inmediatamente le proveyó de bombacha de campo, boina, cuchillo con vaina y otros enseres convenientes. ¡Hasta un poncho le dio!
Luego le entregó en sus manos un caballo tobiano de esos que son caderones y algo petizos, pero fuertes y nobles, haciendo que lo ensillaran al estilo campestre, con ayuda por esta vez. Demostrando sabiduría y tolerancia para con un joven que se notaba bien que era de la ciudad, que en adelante, se haría inseparable con ese animal.
Por suerte había aprendido a montar bastante bien, pero a la manera del elegante club hípico donde había gustado de concurrir. Pero aprobó fácilmente el tácito examen que El Gringo y la peonada le estaban tomando sin hablar.
Los peones eran de diferentes edades y costumbres, algunos mayores y otros menores que el. Pero, dado su simpatía y el reirse por su cuenta de sus propios errores, hizo que se ganara rápidamente el afecto y apoyo de sus compañeros. Hasta aprendió a cebar mate amargo y a comer asado con cuchillo y pan en mano.Había que tener en cuenta que estaba criado en casa de te y tetera sobre una mesa de mantel bordado a mano.
No pasó una semana que se hizo amigo de todos.
Aprendió a cabalgar largas distancias, enlazar terneras y novillos y todo tipo de tarea que pueda llamarse de campo. Lo que mas le gustaba era arrear y correr con el viento. Como tenía facilidad, frecuentemente cocinaba para todo el grupo. Y, especialmente por las noches para disfrazar la nostalgia, tomaba una guitarra que había encontrado tirada en el granero, resultando que había sido de un hijo del patrón que se había ido y no regresado; lo cual hizo que éste viera con buenos ojos que la utilizara, haciéndose por su cuenta, la fantasía de que era su propio hijo el que le sacaba lustre musical. Ocasiones en que alguno de los peones solíanse arrimar para berrear alguna zamba triste mayormente; pero ello los unía en la adoración mágica del fuego como suele suceder. Pero eso si, el patrón no les permitía tomar vino, ni ginebra, ni lo que se le pareciese. Entonces hacían ronda con el cimarrón. Lo que era seguro, es que en esas ocasiones los perros se le tiraban alrededor para escucharlo. Es que para ellos, ya era parte de la manada.
Que gente buena, pensaba Gregorio, buena y sencilla. Sin apreciar que lo querían porque en el fondo de su corazón, también era como uno de ellos, los que a su vez tenían la profunda sabiduría de las personas simples, que no necesitan pensar para conocerte.
Con el tiempo se fue dando cuenta de que las personas nos parecemos unos a otros, mucho mas de lo que creemos parecernos.
Habían transcurrido unos seis meses, pero sentía como que hubiera estado varios años en la estancia de Paysandú.
"Ya sos todo un hombre" imaginaba que sus padres le dirían tomados del brazo y contentos, pero bien sabía que no era tan así.
Había desarrollado destreza para el trabajo de campo y se sentía tan seguro como nunca lo había experimentado. Su cara estaba curtida y sus manos tenían callos maduros
De un día para otro, así como así, movido por su espíritu aventurero y deseo de buscar independencia y un "no se bien que" tomó la decisión de abandonar la estancia para seguir otros rumbos.
Como pago por sus servicios le dieron bastante dinero, el tobiano, la guitarra, la boina, la bombacha y le proveyeron de todo el equipamiento conveniente como para seguir viaje. Al mismo tiempo que llevaba una botella de barro con agua, yerba y algunos panes con chicharrones que tanto le habían gustado.
Algunos abrazos y pocas palabras fueron la despedida. Lo que mas le sorprendió es que El Gringo o Sombrero y Bigotes, lo acompañó hasta la tranquera con otros dos peones y los perros, y así nomás le "echó su bendición en la frente"; ésto lo hizo temblar de emoción y lo dejó marcado para toda su vida.
Orientado por el sol y la humedad de los árboles supo rumbear hacia el sur llegando hasta el mar donde logró que en un rudimentario barco pesquero ruso o algo así, lo dejaran ir hacia la otra orilla, como de regreso, con el caballo incluido, a cambio de trabajar en la cocina como ya se le había hecho costumbre...
No te voy a negar que el deseo de encontrarse con su familia nuevamente para lograr lo que resultaba ser un sueño permanecía en su cabeza; pero algo le decía que todavía no era el tiempo para ello. Tal vez pasarían muchos días mas, o años quizás. Tenía la certeza de que al menos por el momento o por un largo tiempo, debía recorrer nuevos lugares y encontrar otras personas y aventuras y respuestas que estaba necesitando. Pero, antes que nada, prevalecía en su persona el firme deseo de arreglarse por su cuenta.
sábado, 15 de septiembre de 2012
SUSTANCIA
TODOS DECIMOS QUE LA VIDA ES HOY, PRECISAMENTE ESTE INSTANTE. NO CORRAMOS ENTONCES PARA NO DESPERDICIARLA.
los pensamientos, cuanto mas simples, mas elocuentes. No requieren análisis complejos. La verdad se impone sola.
Gracias por visitarme. LAO PAUNERO
los pensamientos, cuanto mas simples, mas elocuentes. No requieren análisis complejos. La verdad se impone sola.
Gracias por visitarme. LAO PAUNERO
jueves, 6 de septiembre de 2012
BUENOS VECINOS
Las casas estaban comunicadas a través de los alambrados, no habían muros. Podría decirse entonces que "no habían fronteras".
Lo común era que los vecinos se saludaban y hablaban desde una vivienda a la otra.
Los chicos nos prestábamos juguetes y nos pasábamos fácilmente de un lado al otro con toda confianza, pero con respeto, para divertirnos.
Incluso los mayores cuidaban de los hijos del otro sin mayor dificultad.
Era muy natural prestarse una taza con azúcar o lo que fuera. También se intercambiaban huevos de pollo por huevos de pato para incubar.
Se compartía la fruta y verdura que cada uno cultivaba.
Éramos como una gran familia.
¿Y el chusmerío? El chusmerío era el control social natural de aquellos tiempos. Las viejitas y las no tan viejitas se reunían a conversar en las esquinas y mientras tanto "bichaban" pasar a las chicas y a las no tan chicas, y a los chicos y a los no tan chicos. Se hacían las que no, pero no se les pasaba por alto ningún detalle.
Eso si, para hacer una travesura no tan traviesa, tenías que ser muy hábil y tener un compinche.
Cuando llegaron las primeras heladeras las señoras las hacían colocar cerca de la ventana de adelante para que pudieran verse desde afuera y así las vecinas podían envidiar con comodidad.
Junto a la ostentación nació el consumo cada vez mas desmedido y luego el camino aparentemente fácil del crédito y las "cómodas cuotas" se promocionaban por todos los medios de comunicación de los que se disponía.
Recuerdo que "mi viejo" decía ¿quien dijo que las cómodas cuotas son cómodas?. Éstas fueron los ancestros de lo que hoy son las tarjetas de crédito.
Hoy los chicos de diez años reclaman a sus padres, o especulan con la disfrazada "bondad" de sus tíos o abuelos entre otras cosas, para que les compren por ejemplo un celular de última generación, para poder "cancherear" ante sus amigos, que mas que amigos vendrían a ser competidores.
¿Que podemos esperar? , si sus bisabuelas ponían la heladera junto a la ventana principal para poder despertarles envidia en sus vecinas amigas, llámense también competidoras.
Es muy lógico entonces que actualmente, las economías se escapen de las manos de los gobiernos, los cuales uno no tiene bien claro si entre ellos hay una buena relación de vecinos cuando vemos a los funcionarios abrazarse unos con otros. Cuando por detrás los grandes capitales los mueven a su antojo como fichas de ajedrez.
Lo común era que los vecinos se saludaban y hablaban desde una vivienda a la otra.
Los chicos nos prestábamos juguetes y nos pasábamos fácilmente de un lado al otro con toda confianza, pero con respeto, para divertirnos.
Incluso los mayores cuidaban de los hijos del otro sin mayor dificultad.
Era muy natural prestarse una taza con azúcar o lo que fuera. También se intercambiaban huevos de pollo por huevos de pato para incubar.
Se compartía la fruta y verdura que cada uno cultivaba.
Éramos como una gran familia.
¿Y el chusmerío? El chusmerío era el control social natural de aquellos tiempos. Las viejitas y las no tan viejitas se reunían a conversar en las esquinas y mientras tanto "bichaban" pasar a las chicas y a las no tan chicas, y a los chicos y a los no tan chicos. Se hacían las que no, pero no se les pasaba por alto ningún detalle.
Eso si, para hacer una travesura no tan traviesa, tenías que ser muy hábil y tener un compinche.
Cuando llegaron las primeras heladeras las señoras las hacían colocar cerca de la ventana de adelante para que pudieran verse desde afuera y así las vecinas podían envidiar con comodidad.
Junto a la ostentación nació el consumo cada vez mas desmedido y luego el camino aparentemente fácil del crédito y las "cómodas cuotas" se promocionaban por todos los medios de comunicación de los que se disponía.
Recuerdo que "mi viejo" decía ¿quien dijo que las cómodas cuotas son cómodas?. Éstas fueron los ancestros de lo que hoy son las tarjetas de crédito.
Hoy los chicos de diez años reclaman a sus padres, o especulan con la disfrazada "bondad" de sus tíos o abuelos entre otras cosas, para que les compren por ejemplo un celular de última generación, para poder "cancherear" ante sus amigos, que mas que amigos vendrían a ser competidores.
¿Que podemos esperar? , si sus bisabuelas ponían la heladera junto a la ventana principal para poder despertarles envidia en sus vecinas amigas, llámense también competidoras.
Es muy lógico entonces que actualmente, las economías se escapen de las manos de los gobiernos, los cuales uno no tiene bien claro si entre ellos hay una buena relación de vecinos cuando vemos a los funcionarios abrazarse unos con otros. Cuando por detrás los grandes capitales los mueven a su antojo como fichas de ajedrez.
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