Juancito tenía un lindo departamento muy bien instalado. Disponía de todas las comodidades que una persona normal puede aspirar. Además de las plantas de interior y las que había en un hermoso patio, contaba con una gran pecera que hacía a su vez de división de ambiente entre la cocina y el comedor. Tenía todo el equipamiento necesario para estar cómodo y mas todavía.
Contaba con un empleo de dependencia que le aseguraba un ingreso satisfactorio además de los trabajos particulares que realizaba como profesional electricista. Es que era inteligente y habilidoso, a su vez que tenía una gran voluntad de trabajo y buena predisposición hacia la gente.
Tenía una familia de la cual había resuelto vivir separado. Con sus veintidós años mantenía con su padre alcohólico, su mamá golpeada, su hermana frustrada y su hermano mayor un tanto altanero y mandón, una relación distante a pesar de visitarlos al menos una vez a la semana porque les tenía afecto, pero no quería amargarse la vida. Ya de por si, era bastante el esfuerzo que hacía en visitarlos. No quería vivir invadido de disgustos que le hacían mucho mal. Se vería involucrado en peleas ajenas y otras cosas desagradables bloqueando su propio sendero por la vida. Porque cada vez que intentaba un acercamiento hacia ellos, terminaba herido de algún modo, o porque su padre borracho lo agredía o porque su hermano mayor se hacía el sabelotodo y en simbiosis con el progenitor, sumaba hostilidad para hacerlo sentir mal a Juancito. Siendo que lo único que éste buscaba era un poco de acompañamiento, buenos momentos compartidos y afecto. A ello se agregaba, verla a su mamá llorando por los rincones y sentir la impotencia por no poder hacer algo para ayudarla, ya que por un lado se quejaba pero por el otro buscaba estar con su esposo y no se entendía nada de la situación, al mismo tiempo que siendo hijo, nada podía hacer con una situación tan compleja y contradictoria. Y si llegaba a quedarse a dormir, con seguridad vería a su hermana regresar a la casa borracha, desarreglada y lastimada y cada vez con una pareja distinta.
Desde los 16 años había resuelto encarar su futuro, lograr sus propósitos personales y, bastante bien que había logrado organizarse llevando una vida solitaria pero ordenada. Y allí estaba con su lindo departamenteo, su música y sus peces.
Cuando se tiraba de espaldas sobre la cama, soñaba despierto en que algún dia tendría su propio hogar, con una esposa e hijos a quienes amar. Aunque también se le cruzaba su sobrinito -hijo de su hermana- con quien se adoraban mutuamente y que era el imán mas poderoso con que contaba para darse una vuelta por su casa, a pesar de salir de regreso con el corazón lastimado.
Juancito entonces, en su tiempo libre optaba por quedarse solo en su refugio. Ni siquiera había accedió a tener una novia que le fuese demasiado fácil, porque tal era su honestidad, que no se hubiera sentido bien, jugando con los sentimientos de alguien sin estar convencido de constituir algo serio.
En realidad lo conocí en una iglesia donde frecuentemente se hablaba del Amor por las personas y de lo bueno que era ayudarse los unos a los otros, apoyándose, tratando de comprenderse y escucharse. Cosas que sin dudarlo, son tan importantes para la humanidad.
Era tímido y de pocas palabras. Lo que recuerdo con claridad, era que cada vez que llegaba al templo, desde el cura, el capellán, los catequistas, los del coro, las viejitas del rosario, las monjitas, los monaguillos, los del grupo de ayuda a los pobres y todos absolutamente todos, acudían a el para pedirle favores para la parroquia. Dado su capacitación, le solicitaban que les arreglase o un micrófono, un parlante, una guirnalda de luces, un timbre, un velador, un encendedor de cocina, una radio, o cuanta cosa eléctrica te pudieses imaginar.
La cuestión es que, cada vez que llegaba, a nadie se le ocurría preguntarle si le dolía la muela o estaba bien del estómago por decirlo de esta manera. Ni al mismísimo cura, ni a ninguno le interesaba fijarse si Juancito estaba contento o triste o como andaba por la vida.
Parece que los muy cristianos estaban tan ocupados en el amor al prójimo, que no se daban cuenta de que Juancito estaba tan cerca de ellos.
Su soledad inquietó mi curiosidad, y como le guardaba afecto y ya había estado tanto en su departamento conversando, como en la casa de sus padres acompañándolo, había un cierto vínculo con el.
En las navidades, con Adela hemos adoptado la costumbre de invitar a compartir la mesa familiar a alguien que viésemos solo y en aquella ocasión le tocó a Juancito.
Ni que decir de la alegría que lo invadió. Sintió que habíamos convocado a la persona y no al electricista
Para todos nosotros esa Nochebuena tomó un sentido que iba mucho mas allá de los rótulos cultuales.
Hace poco nos encontramos en una plaza que hay en el centro, ya han pasado como tres años de aquella Navidad. Me presentó a su dulce esposa y a su hijito con una amplia sonrisa dibujada en su rostro.
El abrazo que nos dimos no precisó muchas palabras.....
mi propósito es transmitir en forma de prosa o poética, frases y pensamientos que lleven poco tiempo de leer y mucho para pensar. mi otra intención es, en apariencia contradictoria, poder hacerles conocer algunos cuentos creados por mi y ciertos relatos vinculados con la realidad que requerirán mayor tiempo de lectura. Quien quiera pasar por aquí, opine o no, será muy bien recibido. muy agradecido y muchos saludos a todos
miércoles, 4 de julio de 2012
jueves, 21 de junio de 2012
APROVECHAR LA VIDA
TENGO TANTO PARA MEJORAR CADA DIA, MUCHO PARA APRENDER Y LO BASTANTE PARA CRECER; COMO PARA DEDICAR EL TIEMPO A CRITICAR O CORREGIR A LOS DEMÁS.
LAO PAUNERO
lunes, 4 de junio de 2012
EL PROPIO CAMINO
Don Panarotti hablaba poco, mayormente lo hacía con los chicos, con los cuales había una recíproca atracción. Pocas palabras y algunas expresiones con el rostro, o gesticulaciones con sus toscas manos sufridas con el correr y curtir del tiempo muy caminado, eran mas que suficientes para que nosotros los pibes lo entendiéramos.
Cuando Picho y Buche movían la cola y salían corriendo hacia el portón, mis hermanos y yo apostábamos que era el que venía hacia casa. Nos asomábamos entonces desde el mismo y lo divisábamos reconociéndolo enseguida por su forma medio torcida en el caminar y la bolsa sobre los hombros. Caminaba despacio o al menos eso nos parecía, debido a la impaciencia porque llegara pronto que se generaba en nosotros.
Cuando finalmente llegaba, tendía su mano para saludar a mi mamá, a la cual previamente se la pasaba por el pantalón con la aparente intención de que estuviera limpia. Una actitud de inseguridad o mas bien de humildad que a mi no me pasaba desapercibida. Entonces ella lo hacía entrar y le ofrecía sentarse en un banco de madera, como esos que hay en las plazas, que estaba justo debajo del gran pino, vecino de la enorme araucaria que tenía casi pegada; casi inmediatamente le arrimaba la mesa de jardín, de hierro trabajado al estilo de antes. Y ya mismo le llevaba una jarra de agua, mas dos o tres platos de comida, sacados de nuestra misma cacerola familiar.
Quedando ya satisfecho, encendía un cigarro que nosotros mismos le comprábamos siempre por indicaciones maternas. Alzaba la vista, nos miraba sonriente y nos contaba historias sobre su pasado; por ejemplo hablaba sobre el gran barco a vapor que lo trajo desde Italia cuando tenía diez años. Había quedado huérfano en la guerra y sin ningún hermano o pariente que lo contuviese, ocasión en que fue llevado a un hospital por haber sido herido en el bombardeo que mató a sus padres. Mas adelante nos enteramos que era por esa herida de guerra que caminaba torcido, ya que su pierna derecha le había quedado defectuosa desde entonces.
Nos compartió un secreto que para su persona era muy privado; no entendíamos el porqué del misterio, pero le teníamos un gran respeto. La confidencia se trataba de que cuando se sintió mejor, aprovechando el amontonamiento de gente que caracteriza los hospitales de guerra, huyó sin que nadie lo notara, lo cual hizo que terminara en Argentina viajando de polizonte.
Nos contaba los miedos que sentía por encontrarse solo en el barco y por su llegada a nuestro país, donde tuvo que hacer de todo para subsistir. Dentro de ese todo yo intuía, que había una gran nada de recuerdos amargos que el no quería compartir.
Pasaron muchos años durante los cuales Don Panarotti nos visitaba.... Y, a pesar de que aderezaba sus relatos con alguna que otra fantasía, siempre nos gustaba escucharlo. En ocasiones se ponía tristón y bajaba la cabeza hasta que, la alzaba repentinamente y se salía con un chiste como para cambiar de tema.Muchas veces conmovido llegó a interrumpir la visita, retirándose de casa, luego de saludarnos con cortesía, pero se adivinaba que llevaba sobre sus hombros una pesada carga no visible que iba mas allá de la bolsa de arpillera que llevaba consigo.
En nosotros esos comportamientos generaban una cierta angustia que terminaba desapareciendo cunado regresaba otra vez a visitarnos. Terminó ocupando en nuestros corazones un lugar muy importante y, lo respetábamos tanto como lo queríamos.
Muchas veces nos traía bolitas que encontraba entre los pastos según decía, y a mi mamá le llevaba un paquete grande de berros para que hiciese una rica y abundante ensalada para nosotros.Ella eso hacía, pero cuando le sobraban buscábamos huevos del gallinero para que hiciese bocadillos muy ricos.
La ropa que llevaba siempre le quedaba o muy chica o muy grande, eso reflejaba que se la habían regalado. Pero eso si, su higiene era impecable
Me atrapaba la curiosidad la bolsa llena de cosas que llevaba, y con mi hermano mayor nos quedábamos pensando acerca de con quien viviría y donde dormiría. Eso fue lo que ocasionó que un dia nos decidimos a seguirlo sin que lo notara Don Panarotti ni mi mamá, ya que nos fuimos sin avisarle. Caminamos muchísimo y nos escondíamos tras los árboles para que no nos viera. Hasta que casi de noche logramos nuestro cometido y nos pudimos quitar de encima la gran duda. Dormía adentro de un gran caño sin uso que había abajo de un puente donde corría muy poca agua.Pero la luz de la luna que brillaba sobre la orilla nos permitió divisar abundantes matas de berros que allí crecían. Bien se saben que esta hortaliza, con frecuencia silvestre, crece cerca de los arroyos.
Como, en ese preciso momento despertamos a la realidad, dándonos cuenta de la hora, regresamos corriendo hasta casa, ya que mas temíamos los retos de mi madre que a las sombras de la noche.
Cuando llegamos tuvimos que recibir el clásico reto de "ya van a ver cuando venga papá". Pero la realidad de las cosas es que, creo que ni se enteró o se hizo el burro como solía pasar en ocasiones parecidas a éstas. Siempre llegaba muy tarde y cansado de trabajar.
A partir de entonces no me podía sacar de la cabeza la idea de que mientras este buen señor se encontraba durmiendo en ese caño, pasando frío, según mi pensamiento; yo me encontraba muy cómodo y calentito en mi propia cama blandita, pensando y hasta en ocasiones soñando con Don Panarotti y su situación.
No transcurrieron tantos días para que no aguantara mas y le terminara contando a mi vieja acerca de lo que con mi hermano habíamos investigado sobre la forma de vivir y dormir del don, traicionando así el pacto de silencio que teníamos entre los dos sobre no contar nada del asunto. pero resulto mejor que así fuera, porque descubrí que ésta, al enterarse de la verdad, se le fue el temor y desconfianza que se le había creado por el "en que andaríamos" tras esa escapada silenciosa.
Después de cierto tiempo, estaba dando vueltas en los "por ahí" de la casa ella me llamó con un ademán pero sin expresión alguna en el rostro, lo cual contribuyó a que se me armara un embrollo de fantasía en la mente que hizo que pensara en que me iba a proporcionar algún castigo por aquella escapada furtiva. Pero no, no fue así para nada, lo que hizo fue encomendarme la misión de que acompañara a Panarotti hasta un asilo donde ella misma con sus influencias, le había conseguido un lugar....
El trámite fue rápido, ya que, en la proxima visita casi rutinaria del viejito, después de que comiera,tomara su agua y fumara su gran cigarro; ésta sin ningún titubeo le obsequió otro gran cigarro para que se llevara y, sin darle tiempo a pensar, nos acompañó hasta la estación del ferrocarril y se fue de regreso una vez que estuvo segura de que nos íbamos los dos de viaje en el mismo. El, de viajero y yo de acompañante.
El anciano tendría tal vez unos ochenta y cinco años o mas, y yo, simplemente catorce. Me apasionaban los trenes a vapor y a leña de aquellos tiempos y me gustaba la tarea encomendada...
Permanece en mi memoria, el recuerdo de que íbamos sentados uno frente al otro, mirándonos en silencio durante la mayor parte del tiempo. El pegado a su bolsa llena de historia y misterios, al menos para mi frágil fantasía; de la cual no se despegó en ningún momento, ni para ir al baño. Se sabe que los baños de los ferrocarriles suelen ser algo sucios e incómodos. Sobre todo cuando están en movimiento. Ya que no son hechos para ancianos, ni para discapacitados y mucho menos para borrachos o los que tienen mala puntería. Pero cuando tuvo la necesidad de ir, no quiso que lo acompañara y mucho menos que le cuidara el bolso; " ni por asomo" como se suele decir. Al rato, cuando ya estaba muy intranquilo por la tardanza, volvió y nos pusimos a hablar sobre "bueyes perdidos" como también se suele...
Para ser sincero, el único que creo que hablaba era yo, ya que el don solamente me sonreía o me mirada amablemente pero con la vista perdida. Por momentos parecía estar en otro lugar.
Cuando llegamos al enorme asilo, se abrió una también enorme puerta, de la cual se asomó otro viejo casi tan viejo como Panarotti. Su tono fue amable, pero cuando quizo agarrar la bolsa para ayudarlo, le gruñó como un perro al que le quieren sacar el hueso y no se lo permitió.
Antes de entrar, nuestro amigo dio un giro de noventa grados, me miró y me abrazó con toda su sangre y modalidad italiana tan típicamente cálida. A mi se me gastaron las palabras, ya que no supe que decirle. La puerta se cerró muy rápido, y así quedamos, uno de un lado y otro del otro. Sentía como si el tiempo se hubiera partido en dos dimensiones.
Ya mismo desde el regreso hasta la actualidad no pude sacarme a Panarotti de mis memorias.
Luego de varios dias estrepitó el teléfono para avisar que se había ido del asilo definitivamente y que no sabían en que lugar estaría.
Con el transcurrir de los dias, fui sumando detalles observados y mi conclusión fue que lo que le interesaba era su propia libertad, y que, dentro de la cual, había elegido su propio estilo de vivir.
Fue un error haberlo llevado al asilo. Y, lo que es peor, a consecuencia de ese error nunca mas lo volvimos a ver. Me quedé triste por ese motivo. Uno se creía que era tan importante como para torcerle el destino a alguien como si tal cosa....
No regresaría a casa, porque aunque tal vez hayamos actuado con buena voluntad, habíamos pretendido cortarle las alas con la idea de ayudarlo. Le quitamos la posibilidad de volver a pasar tan buenos momentos juntos.Ya no volvería, para poder preservar su libertad que tan celosamente siempre supo hacerlo.
Es casi seguro que haya encontrado otras gentes o familias que lo hayan entendido y respetado mejor que nosotros.
Casi sin quererlo, nos quedamos sin aprender y conocer otras cosas de el. Lo extraño mucho.
Han transcurrido cincuenta años. Allí están el pino, el asiento de los del tipo plaza y la mesa de hierro forjado estilo antigüo, aunque bastante oxidada.......
Cuando Picho y Buche movían la cola y salían corriendo hacia el portón, mis hermanos y yo apostábamos que era el que venía hacia casa. Nos asomábamos entonces desde el mismo y lo divisábamos reconociéndolo enseguida por su forma medio torcida en el caminar y la bolsa sobre los hombros. Caminaba despacio o al menos eso nos parecía, debido a la impaciencia porque llegara pronto que se generaba en nosotros.
Cuando finalmente llegaba, tendía su mano para saludar a mi mamá, a la cual previamente se la pasaba por el pantalón con la aparente intención de que estuviera limpia. Una actitud de inseguridad o mas bien de humildad que a mi no me pasaba desapercibida. Entonces ella lo hacía entrar y le ofrecía sentarse en un banco de madera, como esos que hay en las plazas, que estaba justo debajo del gran pino, vecino de la enorme araucaria que tenía casi pegada; casi inmediatamente le arrimaba la mesa de jardín, de hierro trabajado al estilo de antes. Y ya mismo le llevaba una jarra de agua, mas dos o tres platos de comida, sacados de nuestra misma cacerola familiar.
Quedando ya satisfecho, encendía un cigarro que nosotros mismos le comprábamos siempre por indicaciones maternas. Alzaba la vista, nos miraba sonriente y nos contaba historias sobre su pasado; por ejemplo hablaba sobre el gran barco a vapor que lo trajo desde Italia cuando tenía diez años. Había quedado huérfano en la guerra y sin ningún hermano o pariente que lo contuviese, ocasión en que fue llevado a un hospital por haber sido herido en el bombardeo que mató a sus padres. Mas adelante nos enteramos que era por esa herida de guerra que caminaba torcido, ya que su pierna derecha le había quedado defectuosa desde entonces.
Nos compartió un secreto que para su persona era muy privado; no entendíamos el porqué del misterio, pero le teníamos un gran respeto. La confidencia se trataba de que cuando se sintió mejor, aprovechando el amontonamiento de gente que caracteriza los hospitales de guerra, huyó sin que nadie lo notara, lo cual hizo que terminara en Argentina viajando de polizonte.
Nos contaba los miedos que sentía por encontrarse solo en el barco y por su llegada a nuestro país, donde tuvo que hacer de todo para subsistir. Dentro de ese todo yo intuía, que había una gran nada de recuerdos amargos que el no quería compartir.
Pasaron muchos años durante los cuales Don Panarotti nos visitaba.... Y, a pesar de que aderezaba sus relatos con alguna que otra fantasía, siempre nos gustaba escucharlo. En ocasiones se ponía tristón y bajaba la cabeza hasta que, la alzaba repentinamente y se salía con un chiste como para cambiar de tema.Muchas veces conmovido llegó a interrumpir la visita, retirándose de casa, luego de saludarnos con cortesía, pero se adivinaba que llevaba sobre sus hombros una pesada carga no visible que iba mas allá de la bolsa de arpillera que llevaba consigo.
En nosotros esos comportamientos generaban una cierta angustia que terminaba desapareciendo cunado regresaba otra vez a visitarnos. Terminó ocupando en nuestros corazones un lugar muy importante y, lo respetábamos tanto como lo queríamos.
Muchas veces nos traía bolitas que encontraba entre los pastos según decía, y a mi mamá le llevaba un paquete grande de berros para que hiciese una rica y abundante ensalada para nosotros.Ella eso hacía, pero cuando le sobraban buscábamos huevos del gallinero para que hiciese bocadillos muy ricos.
La ropa que llevaba siempre le quedaba o muy chica o muy grande, eso reflejaba que se la habían regalado. Pero eso si, su higiene era impecable
Me atrapaba la curiosidad la bolsa llena de cosas que llevaba, y con mi hermano mayor nos quedábamos pensando acerca de con quien viviría y donde dormiría. Eso fue lo que ocasionó que un dia nos decidimos a seguirlo sin que lo notara Don Panarotti ni mi mamá, ya que nos fuimos sin avisarle. Caminamos muchísimo y nos escondíamos tras los árboles para que no nos viera. Hasta que casi de noche logramos nuestro cometido y nos pudimos quitar de encima la gran duda. Dormía adentro de un gran caño sin uso que había abajo de un puente donde corría muy poca agua.Pero la luz de la luna que brillaba sobre la orilla nos permitió divisar abundantes matas de berros que allí crecían. Bien se saben que esta hortaliza, con frecuencia silvestre, crece cerca de los arroyos.
Como, en ese preciso momento despertamos a la realidad, dándonos cuenta de la hora, regresamos corriendo hasta casa, ya que mas temíamos los retos de mi madre que a las sombras de la noche.
Cuando llegamos tuvimos que recibir el clásico reto de "ya van a ver cuando venga papá". Pero la realidad de las cosas es que, creo que ni se enteró o se hizo el burro como solía pasar en ocasiones parecidas a éstas. Siempre llegaba muy tarde y cansado de trabajar.
A partir de entonces no me podía sacar de la cabeza la idea de que mientras este buen señor se encontraba durmiendo en ese caño, pasando frío, según mi pensamiento; yo me encontraba muy cómodo y calentito en mi propia cama blandita, pensando y hasta en ocasiones soñando con Don Panarotti y su situación.
No transcurrieron tantos días para que no aguantara mas y le terminara contando a mi vieja acerca de lo que con mi hermano habíamos investigado sobre la forma de vivir y dormir del don, traicionando así el pacto de silencio que teníamos entre los dos sobre no contar nada del asunto. pero resulto mejor que así fuera, porque descubrí que ésta, al enterarse de la verdad, se le fue el temor y desconfianza que se le había creado por el "en que andaríamos" tras esa escapada silenciosa.
Después de cierto tiempo, estaba dando vueltas en los "por ahí" de la casa ella me llamó con un ademán pero sin expresión alguna en el rostro, lo cual contribuyó a que se me armara un embrollo de fantasía en la mente que hizo que pensara en que me iba a proporcionar algún castigo por aquella escapada furtiva. Pero no, no fue así para nada, lo que hizo fue encomendarme la misión de que acompañara a Panarotti hasta un asilo donde ella misma con sus influencias, le había conseguido un lugar....
El trámite fue rápido, ya que, en la proxima visita casi rutinaria del viejito, después de que comiera,tomara su agua y fumara su gran cigarro; ésta sin ningún titubeo le obsequió otro gran cigarro para que se llevara y, sin darle tiempo a pensar, nos acompañó hasta la estación del ferrocarril y se fue de regreso una vez que estuvo segura de que nos íbamos los dos de viaje en el mismo. El, de viajero y yo de acompañante.
El anciano tendría tal vez unos ochenta y cinco años o mas, y yo, simplemente catorce. Me apasionaban los trenes a vapor y a leña de aquellos tiempos y me gustaba la tarea encomendada...
Permanece en mi memoria, el recuerdo de que íbamos sentados uno frente al otro, mirándonos en silencio durante la mayor parte del tiempo. El pegado a su bolsa llena de historia y misterios, al menos para mi frágil fantasía; de la cual no se despegó en ningún momento, ni para ir al baño. Se sabe que los baños de los ferrocarriles suelen ser algo sucios e incómodos. Sobre todo cuando están en movimiento. Ya que no son hechos para ancianos, ni para discapacitados y mucho menos para borrachos o los que tienen mala puntería. Pero cuando tuvo la necesidad de ir, no quiso que lo acompañara y mucho menos que le cuidara el bolso; " ni por asomo" como se suele decir. Al rato, cuando ya estaba muy intranquilo por la tardanza, volvió y nos pusimos a hablar sobre "bueyes perdidos" como también se suele...
Para ser sincero, el único que creo que hablaba era yo, ya que el don solamente me sonreía o me mirada amablemente pero con la vista perdida. Por momentos parecía estar en otro lugar.
Cuando llegamos al enorme asilo, se abrió una también enorme puerta, de la cual se asomó otro viejo casi tan viejo como Panarotti. Su tono fue amable, pero cuando quizo agarrar la bolsa para ayudarlo, le gruñó como un perro al que le quieren sacar el hueso y no se lo permitió.
Antes de entrar, nuestro amigo dio un giro de noventa grados, me miró y me abrazó con toda su sangre y modalidad italiana tan típicamente cálida. A mi se me gastaron las palabras, ya que no supe que decirle. La puerta se cerró muy rápido, y así quedamos, uno de un lado y otro del otro. Sentía como si el tiempo se hubiera partido en dos dimensiones.
Ya mismo desde el regreso hasta la actualidad no pude sacarme a Panarotti de mis memorias.
Luego de varios dias estrepitó el teléfono para avisar que se había ido del asilo definitivamente y que no sabían en que lugar estaría.
Con el transcurrir de los dias, fui sumando detalles observados y mi conclusión fue que lo que le interesaba era su propia libertad, y que, dentro de la cual, había elegido su propio estilo de vivir.
Fue un error haberlo llevado al asilo. Y, lo que es peor, a consecuencia de ese error nunca mas lo volvimos a ver. Me quedé triste por ese motivo. Uno se creía que era tan importante como para torcerle el destino a alguien como si tal cosa....
No regresaría a casa, porque aunque tal vez hayamos actuado con buena voluntad, habíamos pretendido cortarle las alas con la idea de ayudarlo. Le quitamos la posibilidad de volver a pasar tan buenos momentos juntos.Ya no volvería, para poder preservar su libertad que tan celosamente siempre supo hacerlo.
Es casi seguro que haya encontrado otras gentes o familias que lo hayan entendido y respetado mejor que nosotros.
Casi sin quererlo, nos quedamos sin aprender y conocer otras cosas de el. Lo extraño mucho.
Han transcurrido cincuenta años. Allí están el pino, el asiento de los del tipo plaza y la mesa de hierro forjado estilo antigüo, aunque bastante oxidada.......
martes, 29 de mayo de 2012
ATADURAS
la dependencia con alguna cosa o hábito, no solamente quita la libertad y la paz interior, sino que es causa directa de violencia u hostilidad hacia uno mismo y los demás.
lao paunero
lao paunero
sábado, 12 de mayo de 2012
LO COTIDIANO
CUANDO DECIMOS QUE NOS CANSA LA RUTINA ES PORQUE NO LE ENCONTRAMOS BRILLO A LO COTIDIANO. NUNCA LO QUE HACEMOS HOY, ES EXACTAMENTE LO MISMO QUE LO QUE HICIMOS AYER. CADA COSA E INSTANTE NOS BRINDA SU PROPIA SONRISA. EL ESPÍRITU TIENE UN ENORME CAUDAL QUE VA MUCHO MAS ALLÁ DE LO QUE HACEMOS.
miércoles, 25 de abril de 2012
HORMIGUEOS CONTINUADOS
RECOMENDACIÓN
antes de ingresar en este relato, si tenés tiempo, te sugiero que busques aquél titulado HORMIGUEOS, cliqueando en entradas antigüas, publicado el 17 de enero, para comprender un poco mejor lo que te voy a contar en éste.Gracias por venir y por tu buena voluntad.
SIGUE LA HISTORIA ENTONCES..........
En el pueblo donde vivió y creció era tenido por una persona bien llevada con todos. Orate Frater o El Hermano Loco -como todos solían llamarlo- se había transformado en una persona muy comnnicativa desde que había tenido aquel sueño tan intenso en el que se constituyó en líder de las hormigas negras y que, por cuestiones del destino, no solo logró evitar una confrontación con las hormigas coloradas, sino que consiguió que, en adelante, tuvieran una convivencia pacífica y productiva.
Como ya te había contado, después de despertar de aquel sueño, Orate sufrió un gran cambio en su carácter, que sirvió también para que los demás comenzaran a verlo de otra manera.
El sueño lo tuvo a los quince años y sustancialmente desarrolló un gran carisma para que los chicos un poco mas chicos, lo tomaran como un referente para los juegos, al mismo tiempo que se le hizo costumbre reunirse con ellos también para contarles diversos relatos interesantes. Incluso en ocasiones les daba el pie para que inventaran sus propias historias y juegos. Todo resultó en que en torno al Hermano Loco se fue formando un grupo cada vez mas grande, que comenzó a reunirse regularmente todos los sábados. Se divertían tanto que los dias parecían mas largos.
El pueblo era de muchas arboledas, casas con amplios terrenos, huertas, gallineros, chiqueros, hornitos de barro y cosas lindas como esas. La estratificación social estaba muy marcada entre pobres y ricos, pero convivían amistosamente y nadie pasaba necesidades básicas. Todos vivían dignamente. Orate pertenecía a una de esas familias un poco destacadas, pero no se sentía cómodo porque solamente se trataba de un apellido y nada mas que eso.
El grupo de pibes que se había conformado junto a el, era heterogéneo. Entonces surgió la idea de ayudarse entre ellos, y eso fue bueno. Es que el Loco no podía olvidarse del sueño de las hormigas.
Todo contribuyó a que, ayudándose, juntaran dinero y comestibles e idearan un proyecto interesante y que sería una gran aventura. Con permiso de los padres harían una excursión guiados por el Hermano Loco, ya que éste gozaba de la confianza necesaria, por ser bien conocido por éstos.
Elaboró un plan y dibujó un croquis del arroyo que había en el "barrio de atrás de las vías del tren",era así como se lo conocía. Bordeando dicho riacho a unos diez kilómetros de distancia, se llegaba al ancho Río que llegaba al mar. Pero también había que caminar en zona selvática y eso les daba un poco de miedo, pero Orate irradiaba confianza.
Cuando llegó el gran día se levantaron muy temprano y emprendieron la caminata muy felices y resueltos.
Al comienzo de la fila iba Orate con un banderín rojo en una caña y un sombrero puntudo para que los demás lo vieran. Igual que en el sueño de las hormigas y en el extremo final iba para protección, uno de los padres de los chicos, que con gran entusiasmo quizo acompañarlos.
Atravesaron entonces la zona selvática bordeando el arrollo.Agitaban las manos y golpéaban palos como en el sueño para desafiar el miedo que les daba la selva. El Hermano Loco iba muy emocionado porque sentía algo así como que estaba nuevamente adentro del sueño de hacía unos años. Se detuvieron a descansar sistemáticamente tres veces para beber agua, a pesar de que mucho calor no hacía y era primavera. Aprovechaban la ocasión para tirarse de espaldas y apoyar los pies sobre piedras para que bajase la sangre y se les enfriase un poco, para que sin detenerse demasiado, seguir caminando. La comida fue ligera, apropiada al propósito de mantenerse livianos.
Estando todavía el sol a la vista, se encontraron de pronto con la presencia del Río mas ancho del mundo según se decía en el pueblo. Acamparon precariamente y encendieron una gran fogata, alrededor de la cual comieron un rico minestrón que en ella cocinaron. Rieron y contaron cuentos acompañados por una hermosa luna con forma de sonrisa y un
árbol brillante, destacado por su fosforecencia que lo hacía una rara especie poco conocida de la cual ignoro su nombre.
Casi sin que se dieran cuenta los atrapó Morfeo y entraron en un sueño profundo a excepción del Hermano Loco que se quedó semidespierto junto al padre que les conté para cuidar al grupo. Aunque con el fuego semiapagado y la oscuridad de la noche no les permitió ver claramente que el Río estaba subiendo cada vez mas.
Cuando llegó el amanecer pudieron darse cuenta que estaban casi rodeados de agua. Tuvieron que esperar varias horas hasta que las aguas bajaran y poder emprender el regreso por el mismo camino en que habían llegado. Y no se perdieron porque a pesar de que todo se había hecho pantano encontraron a un personaje extraño que vivía en la selva, que parecía chiflado pero no lo era. Estaba vestido con harapos y rodeado de perros abandonados que encontraban un no se que en el. Los canes lo cuidaban, le daban abrigo y el personaje les daba comida y afecto. Este mismo señor los orientó hasta la orilla del arroyo para que pudieran regresar al pueblo.
Como ustedes bien lo saben, los regresos siempre suenan mas cortos, por lo que enseguida llegaron al punto de partida, trayendo con ellos un recuerdo histórico. que, obviamente, compartieron con familiares, amigos y con el transcurrir del tiempo, lo sabrían sus descendientes hasta aburrirse de esta historia...
Con el transcurrir del tiempo el Hermano Loco era considerado muy importante y estaba grabado en la memoria colectiva de ese lindo pueblo, que terminó siendo de un estilo residencial muy marcado , igualmente que las diferencias sociales se fueron notando cada vez mas entre unos y otros.
Para aquel entonces, los niños que habían sido seguidores de Orate, ya no eran niños sino jóvenes casi adultos. Unos tenían una profesión, un oficio o algún trabajo. Y éste se constituyó en un consejero de los mismos y de algunos otros que lo conocieron a través ellos. Su opinión ante diferentes situaciones resultaba muy valiosa.
Llegó entonces una etapa muy difícil no solo en el pueblo, sino mucho mas allá del mismo. Surgieron tiempos de violencia adentro y afuera de las familias. El Hermano también sufría mucho por esas cuestiones. Es que llegaron a haber muchas muertes y enfrentamientos.
Orate necesitaba desesperadamente un nuevo objetivo que lo reflotara y le diera sentido a su caminar por este mundo...
Acostumbraba a retirarse a pensar subiéndose a la vieja casita del árbol que había armado desde bastante chico, pero aguantaba aún su ya un poco pesado cuerpo. Muchas veces se quedaba dormido. Solía tener un sueño que se repetía. Se encontraba de pronto caminando por un largo y sinuoso camino con muchos obstáculos que la naturaleza traviesa disfrutaba de interponerle, hasta ingresar en lugar de hermosas plantas y flores silvestres difíciles de describir por su belleza y aromas penetrantes unos y suaves otros. A cierta altura se tomaba de la mano de una hermosa y dulce mujer que lo transportaba a un nivel de paz excelente y que luego seguían caminando juntos y sumamente felices, hasta toparse de frente con una fuerte luz que practicamente los encandilaba a tal punto de no permitirles vislumbrar el futuro; pero detrás de la luz se podía escuchar claramente una fuerte voz que le decía firmemente al Loco que ese era el camino que le estaba reservado.
Ese repetido sueño le hizo comprender que la vida es un permanente desafío y que había que aventurarse sin pretender vislumbrar lo que vendría en el mañana. También comprendió que nunca estaría solo si el así lo quería.
Terminó estructurando un plan de vida y adquirió mas fortaleza que nunca para continuar el transitar del tiempo. Superó con su espíritu y temperamento las distintas hostilidades que te conté, o mas bien tácitamente te di a entender; ya que hay muchas intimidades que sería una falta de respeto por El Loco, contártelas.
Siendo muy laborioso como las hormigas, trabajó apasionadamente en todo lo que se le presentó a mano hasta que llegó el momento en que conoció a la mujer de sus sueños, ante lo cual, siendo muy jóvenes ambos, se casaron y criaron varios hijos con la firme convicción de que la vida es el gran desafío, siempre que siguieran caminando hacia esa Gran Luz que los guiara pero que no les dejara vislumbrar el futuro. No permitiéndoles adivinar cuales serían las cosas que les tocasen vivir mas adelante.........
antes de ingresar en este relato, si tenés tiempo, te sugiero que busques aquél titulado HORMIGUEOS, cliqueando en entradas antigüas, publicado el 17 de enero, para comprender un poco mejor lo que te voy a contar en éste.Gracias por venir y por tu buena voluntad.
SIGUE LA HISTORIA ENTONCES..........
En el pueblo donde vivió y creció era tenido por una persona bien llevada con todos. Orate Frater o El Hermano Loco -como todos solían llamarlo- se había transformado en una persona muy comnnicativa desde que había tenido aquel sueño tan intenso en el que se constituyó en líder de las hormigas negras y que, por cuestiones del destino, no solo logró evitar una confrontación con las hormigas coloradas, sino que consiguió que, en adelante, tuvieran una convivencia pacífica y productiva.
Como ya te había contado, después de despertar de aquel sueño, Orate sufrió un gran cambio en su carácter, que sirvió también para que los demás comenzaran a verlo de otra manera.
El sueño lo tuvo a los quince años y sustancialmente desarrolló un gran carisma para que los chicos un poco mas chicos, lo tomaran como un referente para los juegos, al mismo tiempo que se le hizo costumbre reunirse con ellos también para contarles diversos relatos interesantes. Incluso en ocasiones les daba el pie para que inventaran sus propias historias y juegos. Todo resultó en que en torno al Hermano Loco se fue formando un grupo cada vez mas grande, que comenzó a reunirse regularmente todos los sábados. Se divertían tanto que los dias parecían mas largos.
El pueblo era de muchas arboledas, casas con amplios terrenos, huertas, gallineros, chiqueros, hornitos de barro y cosas lindas como esas. La estratificación social estaba muy marcada entre pobres y ricos, pero convivían amistosamente y nadie pasaba necesidades básicas. Todos vivían dignamente. Orate pertenecía a una de esas familias un poco destacadas, pero no se sentía cómodo porque solamente se trataba de un apellido y nada mas que eso.
El grupo de pibes que se había conformado junto a el, era heterogéneo. Entonces surgió la idea de ayudarse entre ellos, y eso fue bueno. Es que el Loco no podía olvidarse del sueño de las hormigas.
Todo contribuyó a que, ayudándose, juntaran dinero y comestibles e idearan un proyecto interesante y que sería una gran aventura. Con permiso de los padres harían una excursión guiados por el Hermano Loco, ya que éste gozaba de la confianza necesaria, por ser bien conocido por éstos.
Elaboró un plan y dibujó un croquis del arroyo que había en el "barrio de atrás de las vías del tren",era así como se lo conocía. Bordeando dicho riacho a unos diez kilómetros de distancia, se llegaba al ancho Río que llegaba al mar. Pero también había que caminar en zona selvática y eso les daba un poco de miedo, pero Orate irradiaba confianza.
Cuando llegó el gran día se levantaron muy temprano y emprendieron la caminata muy felices y resueltos.
Al comienzo de la fila iba Orate con un banderín rojo en una caña y un sombrero puntudo para que los demás lo vieran. Igual que en el sueño de las hormigas y en el extremo final iba para protección, uno de los padres de los chicos, que con gran entusiasmo quizo acompañarlos.
Atravesaron entonces la zona selvática bordeando el arrollo.Agitaban las manos y golpéaban palos como en el sueño para desafiar el miedo que les daba la selva. El Hermano Loco iba muy emocionado porque sentía algo así como que estaba nuevamente adentro del sueño de hacía unos años. Se detuvieron a descansar sistemáticamente tres veces para beber agua, a pesar de que mucho calor no hacía y era primavera. Aprovechaban la ocasión para tirarse de espaldas y apoyar los pies sobre piedras para que bajase la sangre y se les enfriase un poco, para que sin detenerse demasiado, seguir caminando. La comida fue ligera, apropiada al propósito de mantenerse livianos.
Estando todavía el sol a la vista, se encontraron de pronto con la presencia del Río mas ancho del mundo según se decía en el pueblo. Acamparon precariamente y encendieron una gran fogata, alrededor de la cual comieron un rico minestrón que en ella cocinaron. Rieron y contaron cuentos acompañados por una hermosa luna con forma de sonrisa y un
árbol brillante, destacado por su fosforecencia que lo hacía una rara especie poco conocida de la cual ignoro su nombre.
Casi sin que se dieran cuenta los atrapó Morfeo y entraron en un sueño profundo a excepción del Hermano Loco que se quedó semidespierto junto al padre que les conté para cuidar al grupo. Aunque con el fuego semiapagado y la oscuridad de la noche no les permitió ver claramente que el Río estaba subiendo cada vez mas.
Cuando llegó el amanecer pudieron darse cuenta que estaban casi rodeados de agua. Tuvieron que esperar varias horas hasta que las aguas bajaran y poder emprender el regreso por el mismo camino en que habían llegado. Y no se perdieron porque a pesar de que todo se había hecho pantano encontraron a un personaje extraño que vivía en la selva, que parecía chiflado pero no lo era. Estaba vestido con harapos y rodeado de perros abandonados que encontraban un no se que en el. Los canes lo cuidaban, le daban abrigo y el personaje les daba comida y afecto. Este mismo señor los orientó hasta la orilla del arroyo para que pudieran regresar al pueblo.
Como ustedes bien lo saben, los regresos siempre suenan mas cortos, por lo que enseguida llegaron al punto de partida, trayendo con ellos un recuerdo histórico. que, obviamente, compartieron con familiares, amigos y con el transcurrir del tiempo, lo sabrían sus descendientes hasta aburrirse de esta historia...
Con el transcurrir del tiempo el Hermano Loco era considerado muy importante y estaba grabado en la memoria colectiva de ese lindo pueblo, que terminó siendo de un estilo residencial muy marcado , igualmente que las diferencias sociales se fueron notando cada vez mas entre unos y otros.
Para aquel entonces, los niños que habían sido seguidores de Orate, ya no eran niños sino jóvenes casi adultos. Unos tenían una profesión, un oficio o algún trabajo. Y éste se constituyó en un consejero de los mismos y de algunos otros que lo conocieron a través ellos. Su opinión ante diferentes situaciones resultaba muy valiosa.
Llegó entonces una etapa muy difícil no solo en el pueblo, sino mucho mas allá del mismo. Surgieron tiempos de violencia adentro y afuera de las familias. El Hermano también sufría mucho por esas cuestiones. Es que llegaron a haber muchas muertes y enfrentamientos.
Orate necesitaba desesperadamente un nuevo objetivo que lo reflotara y le diera sentido a su caminar por este mundo...
Acostumbraba a retirarse a pensar subiéndose a la vieja casita del árbol que había armado desde bastante chico, pero aguantaba aún su ya un poco pesado cuerpo. Muchas veces se quedaba dormido. Solía tener un sueño que se repetía. Se encontraba de pronto caminando por un largo y sinuoso camino con muchos obstáculos que la naturaleza traviesa disfrutaba de interponerle, hasta ingresar en lugar de hermosas plantas y flores silvestres difíciles de describir por su belleza y aromas penetrantes unos y suaves otros. A cierta altura se tomaba de la mano de una hermosa y dulce mujer que lo transportaba a un nivel de paz excelente y que luego seguían caminando juntos y sumamente felices, hasta toparse de frente con una fuerte luz que practicamente los encandilaba a tal punto de no permitirles vislumbrar el futuro; pero detrás de la luz se podía escuchar claramente una fuerte voz que le decía firmemente al Loco que ese era el camino que le estaba reservado.
Ese repetido sueño le hizo comprender que la vida es un permanente desafío y que había que aventurarse sin pretender vislumbrar lo que vendría en el mañana. También comprendió que nunca estaría solo si el así lo quería.
Terminó estructurando un plan de vida y adquirió mas fortaleza que nunca para continuar el transitar del tiempo. Superó con su espíritu y temperamento las distintas hostilidades que te conté, o mas bien tácitamente te di a entender; ya que hay muchas intimidades que sería una falta de respeto por El Loco, contártelas.
Siendo muy laborioso como las hormigas, trabajó apasionadamente en todo lo que se le presentó a mano hasta que llegó el momento en que conoció a la mujer de sus sueños, ante lo cual, siendo muy jóvenes ambos, se casaron y criaron varios hijos con la firme convicción de que la vida es el gran desafío, siempre que siguieran caminando hacia esa Gran Luz que los guiara pero que no les dejara vislumbrar el futuro. No permitiéndoles adivinar cuales serían las cosas que les tocasen vivir mas adelante.........
jueves, 12 de abril de 2012
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